Los Contrastes de Bolívar

 
Por: Juan Pablo López
 

La estatua ecuestre del Libertador está ubicada en el centro del parque del barrio Villanueva. Tallada por el italiano Giovanni Anderlini y fundida por Eugenio Macaggnani, la escultura de Bolívar le da nombre e historia a este parque gris y sumiso. Sus calles aledañas también fueron bautizadas en honor a los triunfos y naciones liberadas por el Prócer. Venezuela, Perú, Ecuador, Bolivia, La Paz y Caracas o la carrera Junín -nombre de una batalla luchada por Simón Bolívar- que desemboca en el sur del Parque y que se convierten en el anticipo del tipo de comercio que se va a presentar en el rectángulo del contraste.

Floristerías enteras en toldos diminutos, almacenes de hierbas ancestrales, los desayunaderos y restaurantes típicos de la zona céntrica de Medellín, la discoteca en la esquina nororiente del Parque y tiendas inmensas en donde se distribuyen licores casi que inexistentes para cualquier lúcido; pero lo más relevante del comercio son aquellos sujetos que no necesitan de un establecimiento para distribuir, vender u ofrecer lo suyo, como el artista que realiza figuras inimaginables con simples y fríos alambres de cobre, los emboladores que tienen sus propios puestos en la cabeza de Junín, cuenteros, teatreros o el músico que se parquea en el sector centro oriente desde tempranas horas de la mañana. Víctor, el músico, es codiciado por otros viejos jóvenes que le piden que toque su guitarra violada -una cantidad inimaginable de veces- y les cante boleros ya empolvados. Los vendedores de tinto se distribuyen el espacio por esquinas, a diferencia de los toldos con puro fin publicitario donados por la Alcaldía de Medellín, repartidos a lo largo y ancho del Parque, para hacer notar que la Alcaldía “obra con amor”.

 Los españoles cuando arribaron al continente americano, calificaron fuertemente a los nativos como indígenas: animales sin alma. No me explico cómo esta etimología pudo tener tanta rimbombancia, ya que afectó al habitante de la calle contemporáneo, ganándose su título de indigente.

El “Flaco”, que por cierto no tiene nada de animal, es uno de ellos; acusado por doble homicidio culposo, aceptó cargos y pagó 8 de los 16 años que le habían impuesto originalmente en “Bellavista social club” afirmó el “Flaco” con ironía. Él, cansado de tanto hospital y cárcel, decidió dedicarse a lo que denomina como “humillarse”, pidiendo plata para poder saciar las puñaladas en su estómago. El “Flaco” era el que manejaba la distribución de drogas en el Parque del Libertador. “Lo tenía todo” según él, hasta que por envidias y tanto “éxito” tuvo que esquivar varias balas en el sector sur occidente del rectángulo, pero en un ocaso lo apuñalaron 18 veces en su espalda. Por simple ley natural él cobró venganza por su cuenta y cometió el pecado no confesado en la catedral. Su trabajo era relativamente sencillo, tenía varias pintas o gregarios a su disposición. Cuando pusieron el CAI ubicado en el sur oriente del Parque en 1990 no fue un impedimento para que el “Flaco” ejerciera su labor. Con aproximadamente 30.000 pesos compraba a los policías, para poder trabajar tranquilamente, y hasta le brindaban un poco de protección y camaradería. Después de sus 8 años de condena, el “Flaco” retomó su libertad con un miedo interno absoluto, sentimiento irónico e inexplicable por lo que significa volver a la libertad, pero para él era volver a estar en la mira de ciertos personajes que no lo llevaban “en la buena”.

El trabajo del habitante de calle consiste en un discurso que varía dependiendo del horario de comida que se aproxime. Hay unos que están resignados y parecen estar conformes con lo que atribuyen a la sociedad, otros que pareciera respiraran por inercia y otros, creyentes en su dios interno como el “Flaco”, que espera paciente y educadamente, que el Señor les brinde una oportunidad de empleo digna para salir de la calle.

 En 1888 se empezó a construir la imponente Catedral Metropolitana que se ubica en la parte norte. Alta y amplia, la construcción de ladrillos es un claro ejemplo del templo católico cristiano por excelencia que aún conserva su estado original. Adornado por varias estatuas y esculturas de santos, de la Virgen María y, obviamente, de Jesucristo representando el pecado original de la humanidad pagado en la cruz. La iglesia posee una reliquia histórica para los amantes de las antigüedades y es el órgano que está ubicado a lo alto de los campanares de la Catedral. Más o menos a unos seis pisos de altura, a las afueras de la iglesia, se encuentra la fuente de bronce traída desde Nueva York en el año de 1900, la cual adorna la escultura de la Garza, que le dio hace algún tiempo un ambiente familiar al lugar; contiguo también con los árboles que rodean los 165 metros de largo por 63 metros de ancho que tiene el Simón Bolívar.

La noche las cucarachas se apoderan de las escaleras que anteceden la estructura teocentrista. Es de los pocos lugares en donde estos animales no producen el mas mínimo temor sobre la gente que tiene contacto visual con el repugnante animal. Normalmente el recorrido de las cucarachas comienza en el atrio de la Catedral, ascienden, amagan entrar al templo y posteriormente descienden para encarar la desconcertante Calle Bolivia.

Cuando el sol se cansa de brillar, sale a flote una de las problemáticas del barrio Villanueva: la prostitución. Si se desciende por la calle Bolivia, la parte derecha está repleta de tiendas que venden todo tipo de artículos religiosos y un poco más abajo se ubican las o los travestis expectantes y atentos por un trabajo. Como todo en el centro lo vuelven un cartel, la prostitución no es la excepción. Se distribuyen el espacio de acuerdo con el tiempo que lleven trabajando en el sitio y en el caso de los travestis la “belleza” es el factor determinante para poder estar ubicados en el sector más prestigioso, en donde solo pueden estar “las más chimbas”, recalcó un habitante de calle al que se le olvidó revelar su identidad.
 
Increíblemente, hasta en la mañana del día dominical, las prostitutas viven pendientes de cualquier individuo que esté interesado en su servicio. Tanto tiempo y recorrido de la zona les da el conocimiento de identificar a las personas que no son del sector o aquellos sujetos que vienen al Parque Bolívar no precisamente a rezar. Hecho una vez el reconocimiento se lanzan al acecho con una frase determinante para concretar su trabajo; “¿Sos de ambiente ?”. Si la respuesta es afirmativa a la proposición, por un precio que oscila desde los 20 hasta los 40.000 pesos, se puede cerrar la parte verbal.

En los años 60, cuando se creó la Avenida Oriental, el barrio Villanueva, del cual hace parte el Parque Bolívar, se convirtió en uno de los sectores más lujosos en cuanto a residencias se refiere en el centro de la ciudad, pero a medida que el tiempo pasó, se sobrepusieron los intereses y se banalizaron las acciones moralmente inaceptadas, derivando en el yacimiento del deterioro de esta sociedad y comunidad, llenándose de prostitución, inseguridad e indigencia rebosante por donde se le mire, y que pareciera va en aumento. Lástima que el Libertador ya no esté para salvar a su pueblo.

Twitter: @iHedonismo

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