De la necesidad al sueño americano (Testimonio)

Por: Juan Pablo López

“En los años 90 la situación en Colombia estaba muy difícil por lo que ya todos saben: el narcotráfico, paramilitares, guerrillas y demás problemas de violencia. Yo me vi envuelto en todas estas situaciones porque yo era el administrador de la división agropecuaria de cementos El Cairo. Tenía que estar viajando a fincas en zonas “calientes” de todo el territorio nacional y desafortunadamente me tocó vivir una experiencia muy difícil que me obligó a despedir a un empleado del sindicato que incluso tenía lazos con paramilitares. A raíz de este problema lo hicieron encadenarse a las puertas de la fábrica por donde salía todo el cemento, que en ese entonces era para la construcción del metro en Medellín. Me vi obligado a renunciar porque recibí varias amenazas de muerte, de las cuales ejecutaron dos, pero pude salir con vida afortunadamente.

Después me fui a trabajar para el Gobierno en el frigorífico de Urabá, a reemplazar al saliente administrador que había sido secuestrado por la guerrilla y tenía como jefe inmediato al gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez. A pesar de que tenía muy claro que el trabajo era peligroso, los primeros seis meses fueron tranquilos y conseguí cosas importantes para la compañía.

Una noche de diciembre del año 96, el quinto frente de las FARC hizo una incursión en el frigorífico y detonó 70 kilos de dinamita, destruyendo gran parte de las estructuras e instalaciones. A los ocho días regresaron y decapitaron al celador. En ese mismo momento hubo un enfrentamiento con los paramilitares y el Ejército, había 100 soldados que rodeaban el frigorífico… no quedó nada. Murieron 20 guerrilleros y 12 de nuestros empleados. en esa ocasión me salvé. Días después me hicieron otro atentado. Entregué lo que quedó de la empresa y me fui a vivir a Cartago (Valle).

Allá llegue con una muy mala situación económica, comencé de cero y desafortunadamente la violencia no esperó, pues al año y medio de estar viviendo en la casa que estaba arrendando, mataron a mi vecino en la puerta de mi casa. Lo llevé a la clínica, pero el tipo murió y eso quedó así. Hubo otra ocasión en la que en medio de la huida de un robo, la moto en la que iban los ladrones chocó conmigo. Los delincuentes murieron tras recibir disparos de la Policía y yo sobreviví al atropello y los balazos nuevamente.

No aguanté más. todos esos hechos marcaron mi vida negativamente y sentí que era hora de un cambio, todo había pasado por algo. Dejé a mis hijos y esposa en Cartago, compré un tiquete para Chicago porque allá vivía una tía, aprovechando la visa que tenía de trabajo por mis empleos anteriores. Le dije que necesitaba quedarme unos días, pero me dijo que no. Entonces me le aparecí por sorpresa y me dio 15 días para resolver mi situación. De inmediato empecé a trabajar en la cadena de pizzerías que ellos tenían. Fue en un invierno tenaz, hacían casi -22°C, los cuales tuve que padecer repartiendo volantes de la pizzería.

Yo creía que lo que me habían señalado para repartir era mi trabajo para el día, pero no, era lo de una semana. Ese día repartí tantos volantes que por la noche en la pizzería las llamadas no paraban.

Pasados los días mi prima me dijo que ya no podían tenerme en el negocio porque no tenía papeles y sin importar que mi desempeño fuera excelente, mi tía me dijo: “Te tenés que ir Dieguito”.

Ese momento coincidió con el traslado del novio de una prima a Cleveland (Ohio), en donde consiguió un trabajo como administrador de un bar y restaurante. Entonces me fui con él y allí empecé a trabajar en el aseo del lugar: lavaba 16 baños, trapeaba y limpiaba todo el día. Trabajé ahí durante un año y medio, en donde me destaqué como un empleado capaz, eficiente y que sabía muchas cosas, o como decimos en Colombia, un “todero”, gracias a mis trabajos anteriores.

En ese entonces ganaba siete dólares por hora. Reuní lo suficiente para traer a mi esposa y mis dos hijos con pasaportes y todo. Gracias a Dios fue algo muy breve porque se las dieron fácil al igual que las visas. Así que a los tres meses de trabajo pude estar con mi familia de nuevo.

Pasaron los meses y logré entrar a otro restaurante llamado Mayorca. Allí comencé recogiendo mesas y lavando platos hasta que el dueño del restaurante se dio cuenta de que podía hacer mucho más, confió en mí y me dio la oportunidad de ascenderme a ayudante del camarero, me dieron traje de esmoquin y todo.

Por esas épocas ya empezaba a entender un poco más el idioma y a balbucearlo, así que con dificultad me aprendí los nombres de todos los platos a manera de versos. Iba a las mesas y tomaba las órdenes escribiendo lo que oía. Tenía bastante contacto con los clientes porque en medio de mi desconocimiento del inglés, hacía la estadía de ellos agradable y me hacía valer por mis recursos histriónicos.

El dueño del bar, viendo mi desempeño y dedicación, decidió ascenderme a camarero. Ahí ya me estaba ganando entre 700 y 800 dólares a la semana, eso era mucho en comparación con lo que se ganaban los otros empleados que llevaban trabajando ahí mucho más tiempo.

Para el año 2002 se me presentó una nueva oportunidad: a mí siempre me han gustado las artes, yo hacía dibujitos en hojitas y cosas así, pero nunca para comercializar ni nada, solo me gustaba por distracción. Así fue como el dueño del bar me vio dibujando y me propuso que le hiciera unos cuadritos para decorar el restaurante. Me acuerdo que le hice una escena de San Fermín y el tipo quedó enamorado y me dio 750 dólares más, la sorpresa fue que necesitaba otros diez más y me abonó en ese mismo instante dos mil dólares para los materiales. 

Al mes, después de haber terminado los cuadros, me nombraron encargado del bar. Así empecé a hacer relaciones y a promocionar mis pinturas; ya me empezaban a llamar como un “artista”, lo cual era un gran halago. Entre esas personas que me halagaban, conocí a una señora que se llamaba María José Pujana, quien me propuso exponer mis trabajos en una exposición donde participarían artistas reconocidos. ¡Los vendí todos!

Definitivamente estaba bendecido por el Señor. En ese año llegué a vender 30.000 dólares en pinturas y me di a conocer por mi talento.

Siempre había querido trabajar en televisión porque me han gustado todas esas cosas: las cámaras, las pantallas y todo eso. Para esa época llegó a mí por casualidad una invitación para un casting en Univisión como presentador de un programa. Se presentaron 150 personas más o menos y quedé yo. Siempre confiando en mis capacidades que eran empíricas. obviamente. Era un trabajo por días y luego me dieron la oportunidad de salir a nivel nacional, en todos los Estados Unidos de América. Yo me sorprendía de que a mis 40 años hubiera pasado de lavar platos a ser presentador de televisión.

Era el año 2003, mi esposa limpiaba casas y en esa labor conoció a un señor llamado William Kalt, dueño de una compañía constructora de bloques para grandes motores, por ejemplo para los trasbordadores de la NASA. Aquel hombre era muy rico, tenía entre sus propiedades una finca grande de varias hectáreas con piscina, pastos, fuentes y demás lujos tradicionales.

Este señor se dio cuenta de que yo comprendía bien el cuento de las fincas y su cuidado, entonces me propuso trabajar con un equipo grande y costosísimo para podar el pasto de su propiedad. Yo le dije que ese equipo era muy grande para su finca, que me lo vendiera, para yo trabajarla con él en otras propiedades. Me dijo que sí, siempre y cuando todos los viernes le hiciera el mantenimiento a su finca. Así empecé entonces a trabajar para él, en las noches en el restaurante y los fines de semana para Univisión.

A la compañía de jardinería y servicios la llamé “Diex Landscaping” y con el tiempo y un préstamo de William, pude comprar una camioneta para el negocio. Ya para el 2004 tuve 12 empleados, fue una época de bonanza, todo iba muy bien, entonces me retiré de los restaurantes y ya sólo trabajaba en Univisión, donde me empezaron a asignar trabajos en Los Ángeles, Texas, Nueva York, etc. Me la pasaba viajando y eso no me permitía atender bien mi negocio; tuve que renunciar a mi trabajo como presentador en Univisión.

Desde el 2004 al 2009 creció el negocio y pasamos a tener hasta 65 propiedades a las que les trabajábamos y obviamente empezamos a facturar bastante alto. Ese año hicimos un solo trabajo que costó 110.000 dólares (unos 220 millones de pesos colombianos).

Hasta el día de hoy que he empezado a desmontar mi empresa porque creo que ya cumplió su ciclo, tuve 10 años de ascensos, ahora quiero y debo tener un periodo de estabilidad y más tranquilidad. Desde el 2009 al 2010 para acá, se ha venido acentuando una crisis en los Estados Unidos, por eso, este último año vendí la compañía y empecé a trabajarle a otros sueños, por ejemplo el de estar frente a las cámaras nuevamente o de jugar a los bolos. Ahora es lo que me apasiona, de hecho ya estoy llevándolo al profesionalismo, logrando 220 pines y he competido en dos series mundiales con los grandes de esta disciplina.

Definitivamente todo lo que he logrado ha sido por la bendición del Señor, por fe dedicación, sacrificio y pasión por las cosas que quiero. También descubrí otra faceta mía como ser humano, la cual desconocía, eso me llena de alegría, el recordar todos los momentos duros por los que he pasado y mirar dónde estoy hoy, logrando un sueño americano que no busqué, la necesidad lo encontró y me ha dejado realizar aquí, en los Estados Unidos, todos mis sueños y los de mi familia”

Diego Luis.

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Un comentario en “De la necesidad al sueño americano (Testimonio)

  1. Muy bien lograda la sequencia de la historia, puedo percibir al narrador y visualizar el tiempo y espacio, asi como la realidad de los hechos. El tema da para desglosarlo ampliamente.
    Good Job!!!

    PD: La de la maleta igualita a la suscrita! x0x0x

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