El bus de la victoria

(Columna publicada en el Periódico Contexto)

(Columna publicada en el Periódico Contexto)

Por: Juan Pablo López

Es muy fácil subirse y hacerse de un triunfo ajeno. Los políticos como cocodrilos, como los mejores depredadores, esperan hambrientos cualquier victoria de un buen deportista colombiano, que nunca recibió una ayuda del gobierno, para lanzarse encima del momento de júbilo, sacando pecho y reclamando crédito con un cinismo digno de servidor público.

Me crispé con el que fue el triunfo más importante en la historia del deporte colombiano por lo que representó en conjunto: el Giro de Italia. Aconteció que justo después de la conquista de Nairo Quintana, algunos líderes políticos salieron a decir que gracias a su gestión, el de Cómbita pudo lograr su título. El más increíble, sugería que el alza en el IVA a las telefonías celulares en su gobierno, permitió tener a Nairo como campeón, ya que él pertenece a un equipo patrocinado por una empresa de telecomunicaciones.

Yo sé, da una rabia inconmensurable. No se puede entender cómo se aprovechan de hombres que jamás recibieron una mano del estado o sus gobernantes. Por el contrario, Rigoberto Urán creció con la cicatriz de la guerra, su padre fue asesinado en Urrao por paramilitares y Nairo, hijo de una familia campesina, desde temprana edad se vio obligado a contribuir económicamente en su hogar, tal como sucede con miles de niños colombianos a los que les toca cambiar el lápiz por un azadón.

Él único aporte reciente del gobierno en el ciclismo fue el Team Colombia, pero ni Quitana ni Urán son producto de dicho proyecto, y ahora resulta que todos han apoyado el ciclismo desde siempre. Se acabó el Giro y al otro día comenzó la Vuelta de la Juventud en nuestro país, y qué creen, ¿algún político salió a respaldar con el mismo ahínco la vuelta de los futuros campeones colombianos?

 Mientras el deporte de nuestra tierra ha hecho lo que la política jamás podrá (unir al país así sea por momentos), ellos, los que se disfrazan de cuello blanco para velar por intereses propios en vez de intervenir por los del pueblo, seguirán tratando de hurtar el esfuerzo individual de toda una vida para hacer proselitismo. Y es lo normal, porque la hipocresía es de sus cualidades más naturales, y les alimenta ese deseo de poder podrido que parece hasta los excita. Entretanto, mientras que los gobernantes se suben campantes al bus de la victoria, al pueblo le toca entender con cierta resignación que la política no se vive, la política se padece.

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Un elogio al olvido truncado

(Columna publicada en el periódico Contexto)

Por: Juan Pablo López

Por motivo del Hay Festival, hace algunos días se cumplió una conversación que cobró tintes de debate entre el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince y el prestigioso periodista y politólogo David Rieff, autor del libro “Contra la memoria”.

Por si no lo sabía, Reiff es hijo de una señora que se llamaba Susan Sontag. Su reputación claramente lo precede, al igual que sus publicaciones, que en lo personal, me dejaron unas encrucijadas mentales de proporciones bíblicas.

Vamos directamente a la tesis de Rieff: él, un norteamericano que ha cubierto las guerras de Irak, Bosnia, Palestina, Kosovo, entre otras igual de sanguinarias, plantea que la memoria es el principal enemigo de la paz. La aborda como si fuera una acción intoxicante.

Y aquí fue cuando los hemisferios de mi cerebro comenzaron a entrar en conflicto. Me decía a mí mismo: “Entonces, ¿este man lo que me propone es un Alzheimer que suprima rencores y el perdón?”

Pues si lo analizamos bien, no suena tan descabellada la idea. Es una postura, que merece ser analizada con todo el rigor posible. Yo la extrapolé a temas banales de la cotidianidad y de inmediato me imaginé una orbe ideal: sin sufrimientos por desamores, sin la nostalgia por los ausentes… en fin, la vi como la solución más pragmática para resolver cualquier pugna que presentara la vida.

Ahora bien, es fácil adoptar dicha postura cuando gran parte de la vida se ha vivido en una burbuja y el conflicto no le ha estallado en la cara. Por ello, pacté con mi ser que por más seductora que sonara la idea de un elogio al olvido, en este gran debate moral y ético no puede salir triunfante la impunidad. Consideré mediocre la idea de andar por la vida con una ambivalencia epistémica que no conoce ni la verdad ni el perdón. El problema es que en este contexto colombiano, los que añoran una paz sin impunidad, la ven inherente al castigo, y peor aún, toman por sinónimos a la paz con la victoria.

Te escribo a ti, querido muchacho que quiere ser DJ

Por: Juan Pablo López

Te escribo impresionado, muchacho de la era del SYNC. Resulta que ahora todos quieren ser el próximo Richie Hawtin, Umek o Chris Liebing, y pocos el siguiente Levon Vincent, Jeff Mills, Dixon o Burial; una lástima. En vista de la gran catalización digital que ahora le abre las puertas a muchos, he resuelto darte unos consejos para que tu ascenso al estrellato se haga más rápido de lo que tú te demoras en sacar o meter un tema sin tacto alguno pero sí con absoluta brutalidad. He pues aquí, una lista que será tu biblia, tu manual a seguir en esta vida de DJ que apremiará tus éxitos como ‘artista’.

1. Es vital que abras cuenta en cuanta red social encuentres. Ruega con mensajes a tu comunidad para que te sigan: ‘Join Me’, ‘Follow me’ pueden funcionar perfectamente ya que el esnobismo de hablar en lenguas foráneas es totalmente permitido y por penetración, quizá sea lo mejor. No pierdas tiempo esmerándote en que te busquen con verdaderos méritos, como increíbles sesiones o tracks futurísticos y diferentes a cualquier cosa normal al tech house genérico lleno de loops comprados que seguro tú haces.

2. Recuerda compartir absolutamente todo en tus redes, pero ojo, solo cosas tuyas, ni se te ocurra que sea algo de otros. Déjales saber a todos lo narcisista que eres; comentarios como “Still Hot’ deben primar en tus post sin importar que el enlace al que diriges es de ya hace varios años.

3. Los charts son muy importantes. Procura en ellos incluir tracks que ni si quiera conozcas, de artistas viejos o temas de corte experimental para que no crean que solo pinchas el top ten de tech house de Beatport.

4. Un cursito de inglés online: Una vez comiences a tener cierto éxito etéreo, es imperativo que tus post sean en inglés, entonces no hagas el oso inventando pretenciosamente que dominas el idioma gringo con incoherencias gramaticales que te arroja el traductor de Google.

5. Se reiterativo con el ‘TIME’, es decir, ese cliché que se hizo popular a nivel mundial con cualquier acción que realices la debes documentar con una foto y subirla de inmediato. Muchos de tus genios ‘colegas’ generan pena ajena con cosas inverosímiles del talante de ‘producing time’, ‘mezclanding time’, ‘record time’… en fin, todos son unos capos.

6. Tienes que ser un muchacho regalado. Jamás cobres por ningún toque, de esta manera, los pseudopromotores verán en ti al mejor DJ de la ciudad y de ahí en adelante, tocarás en cuanto antro y bar de medio pelo con una masiva asistencia de 5 personas (sin contar a tus tías), pero eso sí, pincharás cada fin de semana.

7. Si eres mujer, o pretendes serlo, estás hecho. Nadie crece más rápido en el mundo de los ‘deejays’ como los seres humanos con vagina. En realidad es muy sencillo, aquí tu cuerpo es el que se va a vender, no tu música. Vístete como una maldita suripanta, así el público estará bien pendiente de tus dos ‘platos’. 1574537 fotos después, y ya estarás tocando hasta en tiendas de centros comerciales con gran reputación (San Andresito y así…).

6. Finge que eres un wax lover, un purista. No importa si nunca has tocado un vinilo en tu vida, la cuestión es aparentar.

8. Cuando estés promoviendo tus nuevos tracks, jamás, óigase bien, ¡Jamás! se te olvide poner que tu promo recibió support de ‘Richie Hawtin and many others’.

10. Si tienes facultades destacables y un oído claramente más refinado, sé un pedante, un obstinado. Júntate con amiguitos que comparten tus gustos y egocentrismo. Crea un colectivo, y júrate el más alternativo. Mira a todos por encima del hombro, cree que no hay nadie mejor que tú. Habla muy mal y gózate a espaldas de tus colegas en vez de estar por ahí siendo buen referente para otras personas del medio en pro del desarrollo musical de la ciudad.

Ah y se me olvidaba lo más importante: no te olvides de conectar las unidades al mixer, lo último que queremos es que el mundo sepa lo fake que sos.

@_Hedonista_

Me enamoré

Por: Juan Pablo López

Ya he criticado mucho al periodismo, estoy mordiendo la mano de lo que supuestamente me dará de comer. En las ediciones pasadas del Periódico Contexto, desenfundé una insolencia camuflada por inconformidades y quizá hasta odios sobre cómo se está ejerciendo la labor periodística en Colombia, pero ya no más. Es hora de darle paso al amor, a la seducción, al deseo afrodisiaco que produce éste, el cuarto poder.

Decía que me había enamorado. Sucedió hace poco, la había conocido hace unos cuatro  años atrás. Me habían hablado muy bien de ella, pero al conocerla más a fondo fui conociendo verdades que me llenaban la boca de sinsabores, de desencantos; tal y como pasa con el amor por una mujer hermosa pero que tiene un coeficiente intelectual inferior a 80.

Y es lo normal, nada en la vida es perfecto. Esa sensación de plenitud siempre es pasajera, la felicidad completa no existe. Le di otra oportunidad, pero creo que esta vez ella fue la que hizo las labores de cortejo y lo logró, me conquistó y ahora… heme aquí tenido en la cama, entregado a ella, redactándole mis más profundos odios y amores.

Quizá estoy un poco jodido. Eso dicen de las personas cuando están enamoradas y llegan a un punto de no retorno. Creo que yo ya pasé por ese punto, mierda. El asunto es que tampoco me importa qué tan mal hablen de él, o bueno, mejor cámbienle el género para no generar suspicacias por mi inclinación sexual. Explicaba que no me importa que lancen calumnias e injurias contra esta deliciosa profesión. De hecho es en parte deuda nuestra cambiarle la percepción a esa gente que no es capaz de ver el mundo más allá de sus narices (que es como casi todo el mundo lastimosamente). Tampoco me importa que no sea ostentosa, ella me brinda mucha variedad y hedonismo. Un día puedo estar con una haciendo reportería de inmersión, mañana puedo estar escribiendo una columna como esta, pasado mañana… quién sabe con qué ‘ricura’ estaré. El periodismo definitivamente es la poligamia de las letras.

 Espero me entiendan y justifiquen así sea un poco, es que, ¿cómo no enamorarse de una profesión que te regala una visión completa y objetiva del mundo? ¿cómo no sucumbir ante las curvas de la investigación, análisis y la opinión? ¿cómo negarle un beso o caricia a la oportunidad de decir la verdad? ¿cómo no querer ser el contrapeso del poder en esta sociedad injusta y oligarca? Lo siento, pero creo que a esta tentación, solo se le puede huir cayendo en ella.

El matrimonio y otros demonios

Por: Juan Diego Loaiza

Ya estoy por mis treinta años, soy soltero, y no, no vivo con un gato. De mis compañeros de colegio quedamos pocos solteros; algunos por decisión, otros por incapacidad y otros, simplemente porque no han encontrado la persona ideal para casarse.

Lo curioso es el  grupo que están buscando frenéticamente alguien con quien compartir su vida. He visto algunos de mis amigos más cercanos salir a la calle como lobos hambrientos, los ojos desorbitados y el espíritu anhelante porque sienten en su interior que se están “volviendo viejos”,  y que las mujeres se están acabando. Algunos de ellos incluso han entrado en episodios depresivos al entrar a sus apartamentos vacíos, al observar las parejas que caminan de la mano o se besan delante de dios y la patria; se les encharcan los ojos al contemplar su propia soledad como una especie de karma y se desesperan casi hasta la locura.

Yo por mi parte tengo otra opinión. La otra cara de la moneda: los casados. Algunos de mis compañeros más queridos, los más graciosos, los más despiertos, los que siempre se llevaban las niñas bonitas en los bailes y eran encantadores y simpáticos, ahora son solo una sombra de lo que eran. Se les ve calvos y gordos, con los ojos perdidos en la distancia, quizás recordando sus mejores tiempos, quizás anhelando su terrible soledad. Estas parejas casadas se sientan uno frente al otro y creo que no reconocen a la persona que tienen al frente; creo que se dejaron absorber por la idea de una boda: un vestido blanco, un parrandón y litros y litros y litros de licor en una fiesta exuberante pero finita.

Digo esto porque me abruma la cantidad de gente que conozco insatisfecha con sus vidas. Hombres y mujeres que se dejaron llevar por el ideal platónico de un amor invencible, y se encontraron una mañana durmiendo en la misma cama con un ser anodino e insípido que se les ha ido robando el espíritu. Conozco a tantos que cambiaron su manera misma de ser, lo que los definía como individuos, y ahora ya ni siquiera soy capaz de entablar una conversación coherente con ellos. Entiéndalo bien: no estoy culpando ni a la convivencia, ni a la rutina (por el contrario, una rutina saludable es el fundamento mismo de una buena pareja), ni a las infinitas situaciones que rodean a una pareja casada. Culpo a la sociedad misma que ha llevado a las personas a pensar que el matrimonio es un fin en sí mismo, un sacramento inviolable, un ley de la naturaleza; culpo a las personas que no fueron capaces de ver más allá y entender su vida por fuera de la atadura de hierro de las convenciones sociales; culpo a los hombres que solo trabajan para conseguir plata y comprarse a la mujer de sus sueños; culpo a esas mujeres de sueños que solo trabajan su culo y sus tetas para tener quien las compre; culpo a las adolecentes que renuncian a estudiar esperando casarse jóvenes y ser “madres modernas” y a las instituciones que les inculcan esto; culpo al tonto de mi mejor amigo que llora su soledad con aguardiente y rancheras porque piensa que la felicidad está en los brazos de esa esposa que aún no conoce, y a mi prima que renunció a una beca en Oxford porque su novio de 19 años le pidió matrimonio. Le echo la culpa a todas aquellas personas que conviven en cuatro paredes con una persona que no aman, que las hace infelices, que odian incluso, y no son capaces de salirse de su círculo infernal solo porque temen al “qué dirán”, de otros que comparten su misma infelicidad.

¿Quién quiere ser DJ?

Por: Juan David Restrepo

Atrás quedaron las épocas de la inteligencia, de la intelectualidad. No se preocupe, usted joven que no sabe qué hacer con su vida, el camino seguro hacía un futuro lleno de incertidumbre, y muy probablemente, turnos de taxista de noche, está a la vuelta de la esquina, no es sino que le diga ahora mismo a sus padres que lo suyo no es la academia, dígales que lo suyo es la música, el arte, o esa imagen de Tumblr de un Dj que usted no conoce pero que igualmente le llamó mucho la atención esa vez que la vio. Está usted de suerte, joven fácilmente influenciable, hoy en día ser Dj es uno de los hobbies más fáciles que usted puede desarrollar, no es sino que le pare bolas a esta pequeña crónica y se lo juro que con práctica puede alcanzar a lograr sus sueños de tener mucha plata, reconocimiento y esa vieja que ni lo acepta en Facebook.

La primera parte es la más difícil, pero no se preocupe, si usted de entrada es ignorante, para nada difícil le quedará dejar a un lado esa vida que todo el resto de su familia hubiese deseado para usted. Convénzase de que tiene un verdadero don para la música, acuérdese de que usted cuando estaba chiquito bailaba joyas musicales y que más grande su mamá, atrasada en el mundo tecnológico, le dijo que a usted le iría bien en una carrera donde hubiese que trabajar con un computador. Si por pura casualidad ya estudia diseño, no se estrese, al menos cuando el tiempo llegue, podrá usted mismo diseñar una imagen que nadie, excepto usted y su grupo de amigos, entenderá.

Si tiene amigos normales, comience a meterles el cuento de que la música electrónica es mejor que los demás géneros por su arte, su forma, y su personalidad, que porque usted baila como le da la gana mijo, y eso es mera chimba. Al mismo tiempo, comience a hacerse amigo de personas que ya conozca en el gremio en el que usted quiere hacer parte. No hay forma fácil de decirlo, pero deje a un lado su orgullo, el respeto que usted tiene por sí mismo, y venda sus ideales al comprador más barato, porque seamos realistas, los que ya están posicionados no le prestarán atención a un don nadie con un “sueño” y un “talento”. Si tiene algún verdadero talento, como diseñar, dibujar, utilícelo solo como puente para poder tener si quiera la oportunidad de tocar como primero en una fiesta que se llena cuando está tocando el último; no se preocupe, el público no le prestará atención a usted de todas formas, pero eso es arroz de otro costal.

Debe, querido joven frustrado, falsificar una postura que hasta usted mismo sabrá que es totalmente aparente. Empiece por agregar a la gente que “sabe de música”, llénese de contenido, péguese de las canciones que publican y si tiene la oportunidad, haga un poco de investigación cliqueando en los links recomendados que aparecen en la parte derecha de Youtube, si le da miedo experimentar con nuevos sonidos, ya que usted no sabe nada, busque más temas del mismo productor y comience a llenar su repertorio de música socialmente aceptable pero personalmente desagradable, hasta el punto en el que ya haya escuchado tanta basura que termine por gustarle. Su música será descargada digitalmente, pero dígale a todo el que conoce que la verdadera esencia está en los vinilos y que, cuando el tiempo llegue, usted será un Dj varguandista que dejará a un lado lo digital, no se preocupe si no le creen, igual al único que le está mintiendo es a usted mismo.

Hay tres posturas entre las cuales usted puede escoger para desarrollar su vida musical aquí en la ciudad: la primera consiste en ser un vanguardista intolerable, de esos que se radicaliza tanto en el antaño que termina por hacer de su vida una eterna crítica hacía la evolución digital, pero sea prudente, recuerde que todos sabemos que está escribiendo desde el Macbook pro donde tiene toda su música. La segunda, la postura contemporánea, es aquella en la que se mueve una gran parte del gremio, y está consiste en adorar el antaño y criticar el digital mientras se desenvuelve en este mismo; utilizar el 12 pulgadas que viene en la caja del Audio 6 o del Audio 10 no es rendirle culto a los tiempos de antes. La tercer y última postura es la más rara de todas, puesto que está es la importaculista, donde usted hace lo suyo sin importarle el qué hacen los demás, y así es feliz; es la más rara porque aquí en Medellín solo se es buen Dj si usted es lo suficientemente considerado como para estar pendiente de lo que están haciendo los demás para que, cuando se presente el momento, usted esté ahí para criticar, señalar y reírse.

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50 sombras colombianas

Por: Juan Pablo López

La presente es una queja y llamado de atención al pueblo sexualmente activo de Colombia. Esta vez me dirijo a ustedes, minorías. Menos mal ya pasó un buen tiempo de aquella modita pseudo sexual de Fifty Shades of Grey, libro maligno escrito por la señora E. L. James a la cual le tocó abreviar su nombre porque traduciéndolo al español, vendría siendo algo así como: Erika Leonarda James. Totalmente entendible.

Y es que aparte de su desafortunado nombre, a la mujer en la literatura normalmente la subestiman, pero hay que ver la foto de esta señora para levantarse de la silla y aplaudir su capacidad fabuladora. Es que no se explica cómo carajos la repuestica mujer de 50 años pudo vivir, literalmente, cada una de las aventurillas aberradas entre la golosa de Anastasia Steel y el ahora príncipe azul de todas: Christian Gay, digo Grey.

Recuerdo cuando empecé a enterarme de la penetración (para ser coherentes con la crítica al texto) de esta novela erótica, fue por Instagram, lugar en donde los que se creen lectores ilustrados le toman foto con filtro a cuanto libro se encuentran por ahí. Los comentarios de las niñas promediaban el: “Ay, estoy enviciada, no puedo parar de leer, ya voy en el tercero” o “¡Quiero un Christian Grey para mi solita ya!”. A ver niñas en serio, ¿De verdad viven tan arrechas?

Aún me sigo haciendo esa pregunta, porque a la fecha, todavía veo a mujeres en la universidad con su biblia sexual bajo el brazo; definitivamente la nueva Cosmopolitan se llama 50 Sombras de Grey. No perdonan ascensor, no importa si la clase es de teología para devorarse el libro completo en la misma y de seguro que también prolongan adrede su entradita a mear para poder llegar al clímax de cada enredo de cuerpos entre la señorita Steele y el obseso del control. Fue entonces cuando abrumado, y acosado por mi condición de ‘intento de periodista’, entendí que era imperativo leerlo, y Dios… en qué me había metido.

Debo aceptarlo. También sucumbí ante este texto pérfido consumiéndolo como a ninguno otro. Me hacía sentir sucio, en algunos momentos de la lectura, y sin previo aviso, se me izaba la bandera tan alto a como llega en cualquier acto protocolario. Pero afortunadamente pude salir de ese embrujo para llegar a una hipótesis, que por las investigaciones que he adelantado, está apunto de convertirse en tesis, pero en aras de generar debate la transformaré en un interrogante; y es el siguiente: ¿Así de mal folladas están las mujeres en Colombia?

Yo la verdad no entiendo, semejante obsesión solo podría radicar en que jamás han podido ir más allá de un misionero, en que nunca les han pegado duro en el culo mientras se los hacen, y ni mucho menos les han susurrado ‘Putita’ al oído para que justo después del coito les digan que las van amar como a nadie en el mundo. Pero lo que más me indigna a mí, es que después de haber leído la trilogía de las 50 sombras siguen igual de mojigatas. Va uno a darles cariñito y ni un besito negro se dejan dar. Nada. Ni una variación degenerada que solo podría fomentar esos lazos de amor entre la pareja.

Ustedes mujeres idealistas, viven siempre de imaginarios colectivos utópicos. Si sus versiones muiscas de Christian Grey no las están accediendo carnalmente de manera idónea y pertinente, pues sean ustedes las de la iniciativa aberrada. Tengan la plena certeza que así sus hombres responderán en consecuencia con su maldita novela erótica. Ahora, si después de eso no reciben réplica satisfactoria de su macho, preocúpense porque seguramente les están poniendo los cachos, ¡Con otro! Y por favor: no se les ocurra convertir la sorpresa en la peor experiencia con juguetes tipo ‘strap-on’, por lo menos respeten los límites infranqueables de cualquier ser humano con falo.

Y bueno, me resisto a creer, mujeres colombianas, que lo que en verdad les atrae de Christian Grey es su abultada fortuna. Yo sé que ustedes no son interesadas, no.

Twitter: @iHedonismo