‘Chofereando’ un país

Por: Juan Pablo López

¿Pueden las declaraciones desafortunadas de un presidente afectar la imagen de todo un país y de incluso el continente? ¿Puede un hombre sin academia o episteme efectiva empírica manejar una nación? Los hechos en el actual gobierno venezolano revelan que no, y dejan a más de uno con ganas de ver cómo es que la fórmula cristiana – socialista se las arreglará para acabar con las problemáticas sociales, políticas y económicas que tiene Venezuela, ahora en manos de Nicolás (in)Maduro Moros en conjugación con el neo movimiento de izquierda que hizo famoso y enalteció el difunto demagogo y opositor del imperio: “Mico-Mandante Chávez”.

Hugo Rafael supuestamente murió el pasado 5 de marzo de 2013 por complicaciones en quién sabe qué órgano porque la opinión pública siempre estuvo más desinformada que informada al respecto por las constantes imprecisiones adrede de nuestro personajillo célebre del día de hoy. Antes de morir dejó dicho al pueblo venezolano que como heredero al trono chavista debía ser elegido Nicolás Maduro, el “hijo de Chávez”, quien no perdió tiempo para acelerar las elecciones a sabiendas (digo yo) de que más tiempo en campaña y sus estupideces le hubiesen hecho perder la dormida en el Palacio de Miraflores por los próximos años.

No hace falta escribir en el motor de búsqueda más potente “Nicolás Maduro” para que arroje resultados del tipo de “Sabemos que nuestro comandante está frente a Cristo. Alguna cosa influyó para que se convoque a un papa sudamericano, alguna mano nueva llegó y Cristo dijo: ‘llegó la hora de América del Sur’. Así nos parece”, o qué tal una igualitaria como esta “Si yo fuera homosexual, lo asumiría con orgullo a los cuatro vientos, y amaría a quien me tocara amar con el corazón, sin problemas”. Claro que uno puede ahondar más en la búsqueda y encontrar resultados más relevantes o serios, pero el hecho es que esos son y de seguro seguirán siendo los asuntos que acapararán la atención del mundo entero. Y mientras el ex judío dice cuanta desfachatez se lo ocurre, yo me pregunto ¿Qué pasa con la política interna de fondo? ¿Dónde está el análisis en profundidad, para una salvación de la futura crisis económica que se le viene a los ‘chamos’? ¿Qué países seguirán recibiendo dividendos de los “petrodólares” del gobierno del extinto comandante-presidente? ¿Cambiarán las relaciones de lagartería eufemizada en diplomacia con América Latina o los países que comparten su ideología socialista, antiimperialista y de integración?

Lastimosamente este texto deja más interrogantes que dudas resueltas. Quisiera yo dar respuestas pero parece que así seguirá siendo la política y comunicación en el país vecino, hermética, especulativa. Son entonces muchas preguntas a las cuales no se les dará respuesta, al menos no a través de los medios que en su gran mayoría, prefieren estar detrás de la próxima embarrada del ‘chofer’ que de lo realmente trascendente. Y es que de alguna forma se entiende y se les ‘perdona’. Sería imposible aguantarse titular en primera página declaraciones de semejante talante: “De repente entró un pajarito, chiquitico, y me dio tres vueltas acá arriba. Silbó un ratico, me dio una vuelta y se fue. Yo sentí el espíritu de él, dándonos la bendición y diciéndonos que hoy arranca la batalla”. Es preocupante como la opinión pública y prensa internacional están relegando los temas importantes, creando implícitamente una especie de amnesia colectiva en el público que no está siendo consciente de los problemas que se le vienen río abajo del Orinoco y que incluso pueden afectar seriamente a otros países latinoamericanos. Aunque no es una constante, en la web también se pueden encontrar buenos análisis, como el que se publicó hace algunos meses en la versión virtual del diario español El País, escrito por el ex – presidente de Bolivia, historiador y periodista, Carlos D. Mesa Gisbert, donde pone en contexto la situación de Venezuela y augura un posible escenario post-Chávez no muy alentador. Sin embargo, el marisma de artículos entre noticias, opinión y análisis sin bases, información, ni argumentos objetivos es abismal; hecho que habla mal de la prensa, pero que de alguna forma se comprende por la coherencia de la actual administración venezolana que si a la fecha ha visto la mano amiga de Raúl mimetizando a Fidel, pues ha sido para mal.

Las percepciones en general están tan divididas como el mismo País. Opiniones totalmente politizadas y polarizadas, que en teoría no están mal, pero que no permiten vislumbrar el panorama actual y real, a tal punto que quizá un extranjero que no esté al tanto de la situación venezolana, podría llegar a confundirse considerablemente. ¿Dónde queda la confianza de inversionistas que quizá quieren apostarle a Venezuela cuando se encuentran con lo que hay en la prensa actualmente Siento que Venezuela está perdiendo por todos los flancos? Pareciera que tanto el que decide involucrarse como el que lo deja de hacer con el país vecino, también pierde con cara o con sello. Situación que me lleva a pensar e imaginarme los lamentos internos y la hipocresía que les toca fingir a otros mandatarios cuando se reúnen con el ex – bajista de la banda ‘Enigma’ (Sí, también desarrollaba la labor más subvalorada en una banda de rock). Sigue leyendo

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Apología a la lentitud

Esta vez no hay introducción, simplemente, es un texto hermoso.

Por: Juan Diego Loaiza

Cada vez siento con mayor urgencia la necesidad de tomar a la gente que conozco, y a la que no, ya sea por la ropa, en su defecto, por el pelo, y obligarlos a bajar la velocidad. Por alguna razón siento que la vida se me escurre entre las manos; siento los días más cortos, los años como semanas y el reflejo del espejo me devuelve la mirada de un adolescente que no sabe cuándo se volvió adulto, y la del adulto que teme la llegada silenciosa de la ancianidad sin aviso alguno.

Hace poco, dando una clase, le hablaba a mis alumnos sobre la sensación que tenía en la infancia del paso del tiempo; se que solo fueron percepciones infantiles, quizás por lo aburridor del colegio donde estudié, quizás por la ausencia de la tecnología que hoy tenemos en todas partes, de la lentitud con la que pasaban los años. Recuerdo que las vacaciones de junio eran tan largas que a uno le daban ganas de volver a estudiar. Recuerdo los primeros amores en lo que se tardaba un montón en poder conseguir un beso, y ni que hablar para poder tocar una “tetica”. Recuerdo el disfrute mismo del ocio en la lentitud.

Digo esto porque, de una u otra manera, ese concepto esta devaluado, transgredido, malinterpretado, condenado a los anaqueles de lo antiguo o incluso del insulto; nadie quiere el internet más lento, el carro más lento, o ser el más “lento”. Ahora todo está condicionado por velocidades que se salen del parámetro de lo humano; se nos exige movernos a un ritmo que nos obliga llegar a una meta sin poder contemplar el paisaje, que nos impide detenernos para observar lo que sucede: comer una hamburguesa desabrida con rapidez y desocupar el puesto; hacer visitas sin sentarse; hacer el amor con los pantalones en las rodillas.

A quien lea esto le pregunto: ¿Hace cuánto tiempo no se ha detenido en la mitad de la calle a mirar la luna? ¿Hace cuánto no ha caminado, despacio, bajo la lluvia? ¿Hace cuánto no ha dedicado una tarde entera a recorrer con los dedos, con la luz del sol en decadencia, la espalda de la persona que ama sin pensar en nada más que en esa llanura de piel tibia?

No soy tan ingenuo como para renegar de las ventajas del progreso, pero quiero dejar en claro que la velocidad no es un bien en sí mismo, sino simplemente una consecuencia de un movimiento involuntario del hombre. Quiero dejar en claro que soy un agente de la lentitud, del disfrute y la contemplación; de la pausa y el ocio, del masticar despacio y tomarse una cerveza en medio día de trabajo; de salirse de clase para conversar con el del aseo y para el balón en la mitad de la cancha, como el pibe Valderrama, y bajarle el ritmo al partido (no todos somos Messi, ni el fútbol es tan rápido).

Milán Kundera lo dijo alguna vez: la velocidad conduce al olvido. En verdad espero llegar al final de mis días y tener algo que recordar.

La alegría

Dinhos

Por: Juan Pablo López

En una tarde de 1995 llamaron a la “alegría”, al “dientón” lo convocaron para que jugara en las divisiones menores del Gremio. Solo dos años después, estaba firmando su primer contrato como profesional en el equipo de Porto Alegre.

Decía entonces que había llegado la “alegría”. Mentí. Ronaldinho Gaucho fue el que le hizo un llamado de emergencia al fútbol mundial, recordándonos que éste se jugaba con la pelota, domándola, acariciándola como a nadie, ridiculizando al rival, pero siempre con ella, con la “redonda”.

Nació célebremente en Porto Alegre, tuvo su adolescencia en el París Saint Germain, pero maduró rotundamente en el equipo Blaugrana. Allí enalteció su personalidad, la cual hacía expresa en el terreno de juego. No existió un partido en el que su sonrisa no sé robara un par de planos que en realidad le correspondían a sus insolencias con el balón.

A la “Verde amarella” también llevó la infección de la diversión con la “bocha”. En el 2002 fue campeón del mundo en Corea y Japón, y previamente ya había sido un hito en las categorías juveniles.

17 de noviembre del 2005, noche memorable en la que el Bernabeu aplaudió a Ronaldinho. Así fue, la máxima forma del brasileño llegó esa noche en la que los hinchas de su rival acérrimo, el Real Madrid, se levantaron de sus asientos después del segundo gol para aplaudir alegría, para aceptar con aparente utópica humildad, al fenómeno que tenían en frente, al mago de la “espaldinha” y la versión mejorada de la “elástica” de Garrincha.

Ese mismo año (2005) ganó la máxima distinción futbolística: El Balón de oro. Después del 2006 bajó un poco su forma pero esa es otra historia que no viene a lugar, porque Ronaldinho fue más que momentos, fue más que todos los títulos que ganó y seguirá ganando por un par de años más. Él es el anticristo de los catenachos, el que te rompe cualquier esquema, la negación de la táctica. “Dinho”, como lo llaman de cariño, es la piedra angular de lo que siempre debió ser el fútbol.

Solo basta con googlear su nombre para ver los miles de videos editados con sus jugadas, con sus gambetas, con su penetración sutil a la red. Un control de la pelota exquisita, visión del juego milimétrica, siendo coherente con el “10” que siempre portó en su espalda. Rara vez ese número le quedó grande, pero como bien decía, fue más que un jugador que le aportó a los equipos en los que militó, él sin duda alguna, le hizo un aporte invaluable a los que amamos correr tras un balón; patrimonio histórico de la humanidad, vos “dientón risueño”.

Yo no quiero pasar por insolente. Mucho fútbol me ha faltado ver en la vida, pero siempre he dicho algo, y es que Ronaldinho quizá no esté cerca de entrar en un top tres de los mejores de todos los tiempos, pero sin duda alguna, Ronaldo De Assis Moreira es el jugador qué más alegría le dio al fútbol en su historia.

Twitter: iHedonismo

Gracias por tanto “dientón”, y perdona tan diezmado alavo que se te hace.

La insoportable levedad del ser religioso

Hedonismo en párrafos es un blog que se preocupa mucho por la responsabilidad social, y esta vez quisimos brindarles una lectura pertinente para estas fechas santas. Tan solo esperamos que no tengan una resu-erección al desglosar los párrafos que leerán a continuación, a cargo de un docente que de ahora en adelante enaltecerá esta romántica publicación esporádica.

Por: Juan Diego Loaiza

No me considero un hombre particularmente creyente. Siempre he creído que  la fe es un asunto individual, en el que cada quien expresa su sentimiento para sí mismo, sin la necesidad de seguir ningún tipo de dogma que lo ate a comportamientos definidos. La idea del pecado me parece absurda, y toda la parafernalia que adorna la Iglesia la he entendido como adornos de oropel en una corona de lata.

No recuerdo la última vez que un sermón en alguna misa logro conmoverme; a las que he ido (casi siempre por obligación) solo he escuchado las mismas palabra, los mismos lugares comunes que usan los sacerdotes para mantener algún tipo de interés en su feligresía: metáforas gastadas sobre la muerte y la resurrección, imágenes confusas sobre el Cristo histórico y el dios eternamente caritativo, chistes flojos, y una absoluta ausencia de sentido común. Lo curioso de todo el asunto es que, como todo, el proyecto del cristianismo está tomando el rumbo que, quizás sin saberlo, el propio Darwin predijo: la evolución como adaptación a un entorno.

Hace poco, hablando con un sacerdote, me decía que la Iglesia estaba impelida a adaptarse a los tiempos modernos, cambiando su forma sin alterar el trasfondo. Me hablaba del nuevo individuo contemporáneo y de las nuevas maneras de la fe; de las necesidades básicas de la espiritualidad, y de cómo era obligatorio que la institución religiosa se vistiera con ropas nuevas.

Por eso me pareció tan divertido estar caminando el fin de semana pasado por un centro comercial y encontrarme, en medio de almacenes y restaurantes, una cantidad de gente oyendo la misa dominical. Estuve un buen rato observando y tratando de oír (la voz del sacerdote se confundía con un conjunto que tocaba rock en español en otra ala del centro comercial), y entendí, con lujo de detalles, lo que el cura me había dicho el otro día. Vi a una congregación de fieles blanditos escuchar las palabras de su salvador mientras miraban de reojo el valor de los tenis que iban a comprar después de la comunión; vi a unas señoras muy puestas y dignas estar perfectamente sintonizadas con la homilía mientras la retransmitían, punto por punto, por su teléfono celular (quizás por Twitter o WhatsApp, no alcance a ver la aplicación); vi a los hombres más piadosos de Medellín bajar su cabeza contritos y arrepentidos para verle de una mejor manera el culo a la señorita del frente que fue a la santa misa con unos pantaloncitos cortos y deliciosos; vi a los niños más hermosos de la tierra aprender a ser mejores cristianos correteándose entre las macetas de flores artificiales comiendo dulces y gritando, y a sus madres dichosas y complacidas, observarlos mientras conversaban sobre sus reales problemas humanos: cómo hacer para bajar de peso, la dificultad para conseguir una buena señora del servicio, y el lugar de las vacaciones de semana santa.

Fue un espectáculo hermoso y conmovedor. Creo que no me había divertido así en mucho tiempo. Cuando era pequeño la misa estaba mediada solo por el temor de faltar y el tedio de asistir, matizado por el olor del barniz de las bancas y el tono monocorde del cura mientras hablaba, que mas incitaba al sueño que a la reflexión. Hoy la misa tiene el olor dulce de las crispetas, mujeres hermosas, vitrinas de cristal, y un redentor que se viste de Converse y Lacoste.

Periodismo… ¿Qué es eso?

Por: Juan Pablo López

Menudo cuestionamiento. Quizá sería más difícil hacer una lista con las virtudes de la profesión que en Colombia, tiene la responsabilidad incluso hasta de educar. Pero vamos por partes y seamos cautelosos. La palabra periodismo está siendo sobrevalorada gracias a las nuevas herramientas que en vez de ayudar, han desacreditado la labor, al desafortunado punto que ahora hasta los mismos medios mediocres incitan a que el ciudadano carente de una profesión, practique y ejecute el “periodismo” como si tuviera las aptitudes para ejercer la labor como cual reportería de Gay Talesse. Según los parámetros contemporáneos -pero erróneos-, hacer periodismo es subir un video a YouTube, tomar una foto y colgarla en Facebook, o hacer una “denuncia” vía Twitter; pero a parte que los nuevos periodistas que limitan su labor en una ardua y extensa investigación, en frente del computador y los motores de búsqueda, se le suma el agravante que ahora deben competir con cualquier civil con un dispositivo móvil. Generamos nuestras propias adversidades.

Alguna vez, Tomás Eloy Martínez -Periodista y literato-, afirmó que “La gente ya no compra diarios para informarse, sino para confrontar, entender y analizar”. Y pues no me atrevería a decir que se equivoca, pero sí que me da envidia de saber que en Argentina tienen semejante grado de episteme tan avanzado. En cambio aquí, en Colombia, hay que hacer fuerza y “rezar” para que el pueblo no lo use para madurar aguacates, envolver pesebres, o recoger las heces del perro.

Es así, el periodismo carga con otro peso, y es una especie de deber ético, realizando una transición educativa a mediano o largo plazo para que los pocos periodistas que sí hacen su trabajo diligentemente, preparen al pueblo para que hagan válida la anterior frase de Martínez en Colombia.

Otro gran inconveniente es que la mayoría de los medios se están auto limitando a la labor sosa informativa de escritorio. A parte que quieren vender a costa del amarillismo y el sensacionalismo, y no apunta de buena redacción e investigación que es como debería ser,  el periodismo colombiano es bien lagarto. Condicionan su criterio y opinión público dependiendo de las empresas que pauten en el medio. La ideología la delimitan, la independencia es efímera.

En el periodismo deportivo los empresarios le pagan a los periodistas para que hablen de uno u otro jugador; en el periodismo de moda deben hablar bien de las marcas que les prestan la ropa para realizar sus editoriales; y en el periodismo político no se cumple una de las funciones, que en lo personal, pienso que es la más imprescindible, y es que el periodismo debe ser el contrapeso del poder.

Ahora, serviré a concluir estos párrafos con la situación que quizá está terminando de aniquilar al periodismo de antaño, y es la no adaptación y en especial, la no aceptación al ámbito digital.

El fundamentalismo es uno de los males más ominosos de la humanidad, te da un sentido monofónico de la vida, a tal punto que inconscientemente, sesgas la información que recibes a diario. Y eso es lo que pasa con los periodistas “vieja guardia”, amantes y puristas tradicionalistas. Niegan la importancia del periodismo digital, lo miran por encima del hombro y no aceptan la evolución del ejercicio. Yo incluso me atrevería a afirmar -insolentemente- que el periodismo ya no existe más en su versión o forma original. Ahora somos unos generadores de contenidos con una cantidad de recursos multimedia sustanciosa, eso sí, conservando la rigurosidad periodística en investigación, reportería y corroboración de fuentes… todo continúa y sigue siendo vital para destacarse en el rubro, pero no aceptar la trascendencia de la web 2.0 y el periodismo, es como negar la capacidad retórica y demagógica de Goebbels que catalizó la ideología nacionalsocialista.

Son esos entonces los inconvenientes que a mi parecer, complican el ejercicio periodístico en nuestro país y gran parte del mundo, sólo queda rogar para que los que más lean periódicos en Colombia, no sean los aguacates, pesebres y las flores.

El amor en estado de coma

Por: Juan Pablo López

El amor es también un estado vegetal. Nos toma por sorpresa y nos embiste tan duro que nos deja sumidos en penumbras detestables. Es inadmisible sentirse afligido por culpa de una persona, pero es 2.350’785.901 veces peor condicionar nuestra felicidad a la proximidad de otro ser. Y digo que es peor porque somos, o quizá soy, tan cobarde que no puedo explayarme con gozo en los momentos de felicidad individual. A veces nos acostumbramos a compartir nuestras alegrías con los demás y en realidad, no debería ser así. Sean egoístas, compartan momentos con ustedes mismos; la gente en general es muy envidiosa y hasta los seres queridos son los que tienden a ser más condescendientes e hipócritas.

Quizá esté siendo sustancialmente drástico, pero no se mientan a ustedes mismos ocultando una obvia realidad. Es como voltear la mirada ante un culo hermoso: no se puede, tan sólo debemos aceptar nuestra condición de primates y encarar la vida como venga. De otras personas no esperen nada, y de seguro triunfaran en su diario vivir, más solos pero más felices. Hago retrospectivas y concluyo que los mejores momentos de mi vida los he pasado al lado de las personas que quiero. Vomito. Lo considero una gran tragedia y me hace considerar que ya se me olvidó ser feliz por mi cuenta.

Soy amargado y fastidioso por naturaleza, no es que lo esté en este momento; estos párrafos son solo dualidades severas. De hecho estoy pasando momentos bien pseudo-agradables en mi vida. Digo “pseudo” porque la plenitud es una simple utopía. Siempre hay un puto “pero” que destruye hasta el sueño de un somnoliento. Yo por ejemplo tengo un solo “pero” que de hecho es una sola estupidez, pero esa sola maricada me basta para incapacitarme en temas de dicha y de paso no me faculta para proporcionarle regocijo a los seres que se supone quiero. Quizá eso sea lo peor de todo.

No me mal interpreten, no estoy sugiriendo que se encierren en sus cuartos a oscuras para escuchar piezas magistrales como esta, solo recomiendo que no traten de cambiar tajantemente la forma de ser de un individuo, y más bien les digo que encuentren un equilibrio entre el amor y el amor verdadero, que viene a ser el amor por ustedes mismos, el propio. De todas formas sería de pusilánimes no enamórense duro hasta el punto de no retorno, pero tampoco piensen en el mañana con otra persona a no ser que sea para darle rienda suelta a los menesteres del deseo. No condicionen ni fuercen lo que quieren con la persona que estiman, quieren o aman; porque los sentimientos como las tetas: naturales.

Todo lo que he escrito es lo que odio de una persona, pero ese odio me ha servido para ser racional y así otorgarme a mi mismo la resignación al darme cuenta que tiene toda la hijueputa razón. Es lo más cercano a un ser de luz -oscura- que he conocido, pero con bastantes adjetivos ya he malherido este texto, por consiguiente no podré seguir dilatando párrafos de admiración y desprecio. Tan solo espero que la vida me deje más carnal que vegetal demostrándome lo equivocado que estoy, siendo feliz plenamente… a tu lado.

Les juro que en Twitter no soy tan romántico: @iHedonismo

Y háganle caso a mis dualidades y van a terminar como el man de “Into the wild” , muertos.

 

 

¿Qué nos pasa con Instagram?

Artículo publicado en socialgeek.co

Por: Juan Pablo López

Es en serio, ¿Qué carajos nos está pasando en Instagram? sin darnos cuenta hemos caído más bajo que en casi cualquier otra red social. La gran mayoría de usuarios (me incluyo, a veces…) está rayando en la estupidez con inaportancias fotográficas basadas en clichés que quién sabe qué hipster puso de moda. No sé si sentirme mal o aceptar resignadamente que las modas virtuales rijan mi bienestar cotidiano, porque en algunas ocaciones siento abstinencia cuando dejo de obturar con mi smartphone lo que yo llamo un momento Instagram. ¿No les pasa? un paisaje radiante acompañado de unas nubes hermosas y lo demás es historia después de haberle metido un filtrico vintage, el desenfoque predecible y la iluminación que resalta la milagrosa luz de estudio a kilómetros de distancia.

Este inconveniente (Instagram) ya comprado por Facebook seguro agravara la crisis financiera, el hambre en África y la salud de Chavez (es decir, se aliviará) en un futuro próximo cuando el resto de la humanidad se contagie de estas manías tan “originales”. Y cuando digo manías, también podría decir tendencias, pero quizá el sinónimo más acertado sea idiotez. Por nombrar se me pasan muchas por la cabeza; empezaré con una que me hizo sentir muy mal debido a que es un cliché excluyente: Lo gatos. No tengo gato, lo cual empeora mis problemas de irascibilidad cada vez que suben miles de fotos del mismo jodido felino con variaciones milimétricas. Pero sobre esto no me puedo quejar. Sé que los gatos son inherentes a Instagram, como también las fotos que se toman las mujeres de sus coloridas uñas recién pintadas y de sus trenzas insípidas. Me pregunto qué pasaría si Instagram no existiera… ¿También le andarían restregando en la calle a la gente que no conocen sus uñas y pelos enroscados?

Otra bizarra tendencia es que aparte de creernos grandes fotógrafos ahora también tenemos una obsesión con lo gastronómico. Cómo putas se explica que una persona le tome una foto a cada plato de comida o a cada formita de capuccino que se ingestan. Entiendo también que los que desafortunadamente ya son padres de familia gocen de la felicidad que traen consigo los infantes, pero estos seres ya están abusando con principios pedófilos montando fotos de sus hijos con cada nueva acción que realizan, y si no es nueva pues tampoco tienen problema de repetirla; mucho menos si es en pelota.

En definitiva no sé qué nos pasa con Instagram, hype maligno que “eufemisa” la estupidez a un punto en que la aceptamos e incluso nos parece genial fomentarla. Mis únicas recomendaciones serán entonces que le pongan ojo a ese super close up que se hacen de su ojo, que cuando monten en avión no olviden tomarle la foto al ala del mismo para que les crean que viajaron, y por su puesto, que capturen cada momento u objeto común (si se puede contra un espejo mucho mejor) como si fuese el último.

Comprueben cierta idiotez acá: @jplopezlive 

Twitter: @iHedonismo