El cuarteto del sexo

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Por: Juliana Londoño

Lorena conoce tanto su cuerpo que es capaz de sentir un orgasmo en un minuto, Andrea ni siquiera lo ha vivido, Andrés dice que es mejor el sexo con hombres y Anita no sabe con cuántos lo ha hecho. Cuatro maneras diferentes de vivir la sexualidad.

(Los nombres fueron cambiados a petición de las fuentes)

 Soy adicta al sexo

Era fin de semana, estaba en Bogotá. Nunca lo había hecho con una mujer, le ofrecieron hacer una orgía y aceptó. Se fueron para el apartamento de uno de los ellos, eran cuatro: una mujer y dos hombres.

Ese día se dio cuenta que una mujer lograba excitarla pero con un hombre sentía más. Se acostó un rato a descansar y vio que la caja de cien condones que habían comprado estaba casi vacía. Había sido una noche de las buenas.

A sus quince, conoció lo que es para ella la mejor sensación física: un orgasmo. Desde ese momento han pasado ocho años y por su cuerpo más de diez hombres. Ya perdió la cuenta y tampoco le interesa saberlo.
“Me puedo volver adicta al sexo y como cualquier adicción es mala pero ésta se convierte en algo denigrante y más para una mujer”, cuenta Lorena Hoyos.

Casi todos sus recuerdos sobre sexo están llenos de risas. Para ella es el 70% en una relación y a sus 18 años estuvo a punto de convertirse en ninfómana.

Conoció a un hombre que le encantó. Intercambiaron teléfonos y a los quince días, Lorena ya tenía en su lista a uno más.  Sus pensamientos hacia él, siempre terminaban en sexo.

Se lo imaginaba desnudo en su cama y buscaba la manera de hacerlo realidad.

Por las noches no era capaz de dormir y a las cinco de la mañana ya estaba vestida (con ropa de gimnasio porque le decía a su mamá que iba a hacer deporte). Se iba para el apartamento de él, que vivía solo, y lo despertaba con una única razón: tener sexo. Poco o nada le importaba algo más.

Lo hacían ocho veces al día, todos los días y en cualquier lugar. Para ella, no había sitio malo.

Una noche lo hicieron por la Superior. Y justo cuando Lorena estaba perdida en las sensaciones, con los ojos idos por el placer alcanzó a ver a un policía tocándole la ventana. Ni se inmutó, siguió hasta que quiso… Hasta hoy.

“No consentirás pensamientos ni deseos impuros”

 Son las 9 p.m., suena la alarma avisando que ya es hora. Tómesela. Tiene que ser puntual y juiciosa porque sino…

Andrea Jaramillo saca de su billetera las pastillas y se toma una.

Ya no recuerda cuándo fue la primera vez que lo hizo, fue hace más de seis años cuando todavía pensaba en llegar virgen al matrimonio.

Hoy se las sigue tomando. Tiene 21 años, lleva cuatro con su novio. Todavía existe la posibilidad de que su primera vez sea en la luna de miel: es virgen.

Hace poco estuvo donde una psicóloga para que la ayudara con su problema: tiene un bloqueo mental. Cada que empieza con el famoso juego de la seducción, pre-coito, siente que va a quedar en embarazo.

E-m-b-a-r-a-z-a-d-a. Esas diez letras empiezan a trabajar su cerebro y la frenan. No es capaz de hacer nada; se pone fría, se pasma, se escandaliza y ve cómo su mente se desconecta y sale corriendo.

Su cuerpo sigue ahí, en la cama. Sin camisa, sin top. Su mente está en París, la ciudad donde se quiere ir a estudiar y que con un “muchachito a bordo” como dice ella, no podría.

A veces prefiere pensar como antes pero cree que la presión social la modificó.“Tampoco soy de palo, yo siento y creo que el sexo es el punto máximo de una relación después de pasar por muchas etapas y yo ya pasé por todas”, dice Andrea.

Pero pese a todo, sigue cumpliendo el sexto mandamiento de la religión católica: No cometerás actos impuros.

“Les prometo que soy heterosexual”

Se bajó los pantalones y dejó que su amigo lo tocara. No se sintió raro ni mal. Pero tampoco bien. Apenas tenía diez años, estaba en cuarto de primaria y lo único que le preocupaba es que en un mes hacía la Primera Comunión y le tendría que confesar al padre que él, siendo hombre, se había dejado tocar por otro hombre. Sigue leyendo

Una vez más

Por: Juan Pablo López

Una vez más escribiendo. Una vez más malgastando párrafos intrascendentes para la gran mayoría, para las masas; pero merece la pena. Hace algunas días, entrada la noche en un típico desvelo musical, tuve una especie de epifanía existencialista. Me la produjo un track que quizá sea el que me engranó el cerebro hace unos 8 años: El loop progresivo hermoso de Daft punk – One More time; imposible que no les suene familiar. Si no la conocen háganle un favor al mundo y mátense. Perdón. El asunto es que mientras malgastaba los minutos del “crepúsculo”, pensé por qué después de tanto tiempo ese tema me seguía erizando la piel, sabiendo que es un loop “básico” de 8 bars que le sonará monótono a cualquier maleducado auditivo. Partí de la premisa a la negación de las rutinas como cómplices en la infelicidad del ser humano, y de inmediato me hizo arrojar una tesis muy clara. Coartada de vida.

La gran mayoría de asuntos en la vida tienen una fecha de caducidad, fechas de vencimiento que incluso prescriben antes de que comencemos a realizar dichos asunto que por lo general odiamos. Todas esas acciones nos cansan, incluso alguna que en un principio nos gusta, tarde que temprano nos termina aburriendo al caer en la inevitable y tormentosa rutina. Sí, a todos nos pasa. Llegamos a un punto en que las decepciones atacan por todos los flancos como cual “Blitzkrieg” Nazi y sentimos que son pocas cosas en la vida las que de verdad nos causan regocijo y felicidad absoluta -o por lo menos eso es lo que me pasa a mí-.

Fue cuando llegué a la inminente conclusión de que las mejores cosas de la vida son las que a pesar de su ejecución, una y otra vez, no vemos la hora de que inmediato vuelvan a suceder: Comer, ver buen cine no comercial; escribir en el momento que fluye, que te adulen; escuchar música muy duro, enamorarse; jugar con un animal bebé, reír; encontrarse plata en los bolsillos, bañarse en determinados momentos; ganarse cualquier cosa y hacer el amor, o en su defecto, “follar” duro.

Todas las anteriores creo que son casi todas las cosas que más me gustan. Yo sé, soy un egoísta digno, pero el asunto importante es que yo asimilo que algo me gusta demasiado cuando no me canso de hacerlo. Uno sabe que está enamorado cuando después de haber pasado todo el día con una persona, uno llega a la casa y de inmediato le vuelven a dar ganas de seguir estando con esa persona. Pasa lo mismo con una canción, con un beso, con un una película, o incluso hasta con la religión. La tesis es entonces que cuando la rutina no afecta una acción, estamos ante algo que puede ser lo que nos salve un día que ya fue una mierda. Así que luchen por esa monotonía sublime que los impulsa siempre a querer más, y no importa que ya lo hayan hecho, pues tienen derecho a ser felices… una vez más.

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La pandemia de las “secuelitis”

Hedonismo en párrafos por fin se hizo de una crítica de cine medianamente indecente. En esta entrega, la mujer de tendencias rojas nos cuestiona nuestro gusto y sapiencia cinematográfica, mostrándonos lo atrevidos que somos  gracias al principio ignorante de ser permisivos con la mierda, o en este caso, las segundas partes.

Por: Daniela Rojas T

Se veía venir. El 2013 para sorpresa de nadie, llega repleto de secuelas. “Iron Man”, “Los juegos del hambre”, “Thor”, “300”, “Sin City” y “Duro de matar”, son  algunas de las películas que estarán lanzando este año una continuación. El mal de la secuelitis, es una pandemia de carácter mundial que muy a mi pesar está lejos de ser erradicada, y esto lo sé porque ya hasta Colombia, que aun se encuentra en una etapa cinematográfica digamos que “pueril”, para no herir susceptibilidades, también lanzó este año su primera secuela titulada “El Paseo 2”. Nefasta.

Las cifras:

  • En el 2011 se estrenaron 27 secuelas, número que costituyó  un record mundial.
  • La tercera pélicula más taquillera de la historia es “Los vengadores”, un derivado de las películas de superheroes, los personajes “secueleros” por excelencia.
  • Entre los primeros diez lugares de las películas más taquilleras sólo las primeras dos no cuentan con secuelas, al menos todavia: “Avatar” y “Titanic”.

Ahora lo invito señor o señorita usuario de Hedonismo en párrafos a que reflexione sobre lo siguiente: usted le está pagando hasta 25 mil pesos a un teatro para ver la misma trama de una película, con algunas variaciones en los personajes y “adornada” diferente, una y otra vez, porque eso son las secuelas: películas que fueron y continúan siendo éxitos de taquilla cuando ya van por la cuarta, quinta y hasta sexta entrega, pero que agotaron su argumento con la primera; son estrategias que idearon los estudios cinematográficos para extraer hasta el último centavo de ganancia que puedan con esta sencilla formulita:

1 éxito de taquilla + múltiples entregas de esa misma película con algunas variaciones + gente dispuesta a pagar por ver lo que ya vieron = miles de millones de dólares de ganancia para los grandes estudios.

Es el negocio perfecto, máxima rentabilidad con muy bajo riesgo, puesto que una secuela tiene la ventaja de que tanto el título de la película como sus personajes ya son conocidos por los espectadores, lo que reduce considerablemente los costos de mercadeo de la producción y garantiza que la gente ya ha aceptado a los personajes y la historia porque, después de todo, si la primera película no hubiera sido exitosa nadie pensaría en realizar una segunda, entonces ¿para qué apostar a una producción original?

Yo no tengo problema con que se enriquezca a costillas mías, pero por lo menos aspiro a obtener algo bueno de ello, no que me quieran vender las mismas papas con un paquete diferente, y que esperen que yo lo compre como algo nuevo. Hasta que ni empecemos a exigir calidad, los estudios no se van a arriesgar con propuestas novedosas y originales sabiendo que pueden recaudar  $1,180.4 millones de dólares con una película que va a la fija, tal y como lo hicieron con la mediocre secuela de “Los vengadores”. 

Valdecir Sobrino Picanto: Ídolo

Por: Juan Pablo López

Levántense de sus sillas y aplaudan duro a este hombre supremo, amo de la retórica y las buenas costumbres religiosas. Quiero que celebren y le rindan tributo a este ser: El pastor Valdecir Sobrino Picanto. ¿El motivo? Que ha logrado lo que pocos de ustedes, hombres lectores, sueñan pero no consiguen jamás. Resulta que este humilde servidor de Cristo redentor, aplicó lo que pregonan las sagradas escrituras (?), le hizo creer a sus feligreses que tuvo un encuentro, una reunión con Jesús -como cuando uno se encuentra a Jesús, normal- en un burdel, donde “presuntamente” el hijo de Dios le encargo una dura y falocrática misión: difundir la leche sagrada”. 

“A menudo, después de los cultos, el pastor Valdecir llegó a llevarnos a la parte de los fondos de atrás de la iglesia y nos pidió que hiciéramos sexo oral con él hasta que el Espíritu Santo venga a través de la eyaculación”, Señaló majestuosamente una jovencita de 23 años a la que aseguran fuentes oficiales, recibió al espíritu santo con mucho gozo en su cara. Qué grande es Valdecir, todo un hito, profeta y evangelizador de las sagradas costumbres.

Lastimosamente, algunos insensatos decidieron denunciar a Valdecir, y ahora reposa su “leche sagrada” en la cárcel. Espero pues que entiendan la bella moraleja de esta perorata y sigan rindiendo culto con mucho fervor y fanatismo a estas religiones progresistas que interpretan muy bien el mensaje que nos ha dejado Diosito. Sean felices en la praxis del evangelio y agradezcan que no están en la cárcel donde fue a parar Valdecir Sobrino Picanto, puesto que apuntó: “Espero continuar con mi trabajo maravilloso dentro de la prisión”.

Twitter: @iHedonismo

En el nombre del padre, del pene, del espíritu santo, toma tu leche y amén.

La hijueputa verdad

El romanticismo de antaño diluido en la ceguera que causa el odio de la falacia. Así defino los siguientes párrafos que por lo menos a mí (un enamorado de lo romántico sin praxis en la ejecución) me hace contemplar la irracionalidad del amor como el fracaso lógico justificado en la mendicidad humana. Y qué decir del autor… Un gran cobarde que brillantemente eligió proteger su identidad; ahora bebe el exilir de la libertad, de la soledad. Mi socio, mi amigo, “Milán Piqué Mebarak”.

Antes de la verdad:

Tú: “Cuando desperté, ya nada era como antes, ya no me sentía igual. Me di cuenta que estaba vacío, que mi alma, mi mente y mi cuerpo no estaban satisfechos de ninguna manera. Intenté encontrar aquello que me faltaba en miles de personas y en miles de lugares. Nada funcionó cómo lo esperaba.
Un día cualquiera, el desespero alcanzó tal nivel de grandeza, que una pequeña explosión hizo colapsar gran parte de los pensamientos dentro de mi cabeza. No necesitaba nada nuevo; mi alma, mi mente y mi cuerpo no me acosaban por algo diferente o desconocido. Me pedían, de manera insistente, que me concentrara, que me diera cuenta de que aquello que me hacía falta, ya lo había tenido sin saberlo ciertamente. Cerré los ojos unos instantes y, de alguna forma que no es posible describir, apareciste en mí. Tu esencia se apoderó de todo mi ser y, por fin, lo vi claramente. Lo que necesitaba, lo que me llenaría, lo que me enaltecería, lo que me mi alma, mi mente y mi cuerpo me pedían a gritos y a golpes, eras tú. Esa tú que siempre me gustó, esa que siempre me sacó sonrisas, esa que siempre se apoderó de mis pensamientos, esa que siempre quise con locura. Tú, solo tú”.

Después de la verdad:

Llorando, destrozado y después de muchas cicatrices de tanto arrastrarme, me dije: -¡No seas tan marica! Entendé que ella, por sobre todas las cosas, es sólo un trofeo de las masas-. Sí, pensé. Una de esas mujeres que todos los hombres (o eso pensaba en mi época nublada) quieren mostrarle, restregarle y hasta humillar con ella al resto de hombres de esta maldita humanidad.

Un tiempo después, un poco menos enceguecido por lo que existió, me di cuenta que ella, el trofeíto, no era ni más ni menos que un zancudito. Una de esas mujeres que pican acá, pican allá, chupan acá, chupan allá, o maman (sobre todo esto) para ser más precisos. ¿Qué busco decir con esto? Pues que los trofeítos terminan siendo amantes de todos, de todos aquellos que les endulcen la billetera, la vista y, casi sin importancia, el oído.

La lucha seguía, no crean. Pero otra revelación tuvo lugar en mí: de tantos ires y venires, nuestra protagonista siempre quiso a unos más que otros, convenciéndose a sí misma de que le había llegado el amor, que estaba enamorada de algunos, que de tanto picar, chupar y mamar (sobre todo esto) algunos merecían llevarse un poco de su sincero -los lectores se paran y mueren de risa a carcajadas- enamoramiento.

Ah, ¡qué bella que es la vida! ¿A qué viene tan absurdo comentario? Pues ni más ni menos que llegó la última pero más importante certeza a mi vida. Que al trofeo de las masas, a la amante de todos y enamorada de algunos, no la ama nadie. Lo único que aman es su forma de ser, de ser tetona, de ser culona, póngale el adjetivo que usted quiera. Para resumir, aman, amamos, lo que nos pueden dar sexualmente. Sí, así de crudo. No nos interesan sus valores -los lectores se paran y mueren de risa a carcajadas-, nos interesa cómo pican, cómo chupan y cómo maman (sobre todo esto).
Recuérdenlo muy bien: Trofeo de las masas. Amante de todos. Enamorada de algunos. Amada por nadie. Puta.