El escritor en pausa

Foto por: Mauricio Atencia

Entrevista publicada en la edición #42 del Periódico Contexto

Entrevista a Héctor Abad Faciolince realizada en marzo de 2014. Por: Juan Pablo López / @_Hedonista_

 Entro a la oficina de Héctor Abad que es más bien un cubículo de cinco metros de ancho por tres de largo. Me recibe Luz Dary Galeano, su secretaria, y me dice que el señor Héctor está como “atrasadito”, que lo espere un momento. 15 minutos después de silencios, entra con paso apresurado el escritor que detesta hablar de su propia obra. Saluda con mayor ligereza e ingresa a la parte de su despacho en donde ya lo esperaba otra persona. Hablan aproximadamente 10 minutos. Intento con ahínco escuchar de qué departen a través de las paredes, pero solo concluyo que aquel hombre le estaba haciendo algún tipo de propuesta. Sale con un semblante indescifrable y de inmediato la señora Galeano me hace pasar. Apenas atravieso la puerta, su mirada, que entre afable pero exigente se camufla, me embiste haciendo tambalear mi pose de seguridad.

¿Usted siente que le falta mucho por leer?

Afortunadamente sí. No solamente de libros que ya se escribieron, sino de libros que se van a escribir… Yo sé que se van a producir muchísimas maravillas, en literatura, en ciencias…

¿Qué es lo esperanzador? ¿No coincide con ese imaginario colectivo que hay en el arte, en donde se piensa que ya todo está hecho?

No, para nada, no tenemos ni idea. No sabemos qué nos depara el futuro. Van a haber cosas nuevas y absolutamente extraordinarias que a nosotros no se nos habían ocurrido y nos van a llevar a pensar “cómo es que no habíamos pensado esto”. Lo esperanzador es que nunca en la historia del mundo había tanta gente produciendo libros, produciendo conocimiento.

¿Un libro puede influir terriblemente en la vida de alguien?

Sí. Un libro es una conversación con otra persona. Es una plática muy detallada y precisa sobre otros temas con otro ser que sabe sobre esos temas. Así como hay personas que influyen sobre nuestras vidas y decisiones más íntimas e importantes, un libro también puede llegar a ser un accidente tan importante como el de perder una pierna. Definitivamente un libro lo puede llevar a uno a tomar decisiones drásticas en la vida, tanto que la pueden cambiar por completo.

¿Qué textos le sugeriría como imperativos a estudiantes de periodismo antes de graduarse?

[Silencio prolongado] A mí no me gustan los imperativos, pero sí me parece imperativo que los estudiantes de periodismo aprendan inglés y lean los grandes reportajes del latín de nuestros días. Los textos del New Yorker, del Washington Post, del New York Times, del The Guardian… Y no para escribir en inglés, sino para saber qué se hace en el latín de ahora.

¿En el 2013, narró una novela a través de trinos, ¿ha soñado con una forma multimedial distinta, innovadora e interactiva para presentar literatura?

Yo creo que allí hay unas posibilidades nuevas que yo no fui capaz de explorar hasta el fondo. No me gusta quedarme atrás, ni envejecerme con las herramientas tradicionales que aprendí. Mi mamá ha sido siempre un ejemplo para mantener la mente activa, esa mente que se maravilla con las invenciones de cada década. Hay que conservar una mente juvenil para estudiar las nuevas herramientas y así adaptar su arte a ellas. Yo intenté hacerlo en Twitter con el arte en el que me he especializado, que es la narración y la literatura y no me funcionó… Fue un fracaso, pero lo intenté y no estoy arrepentido.

¿El abrumador flujo digital, y el afán por la inmediatez de los medios está matando al periodismo duro de investigación?

Pues no, al revés. Los medios ya no pueden competir con el entorno digital, se tienen que dar por vencidos. La noticia o primicia la va dar Twitter antes que la radio, la televisión o el periódico. Es por ello que los medios tienen que tratar de fortalecerse en otras cosas, precisamente más en la investigación, en el reportaje en profundidad, en revelar lo que lo inmediato no puede revelar. Entonces los medios de comunicación sensatos que se dan cuenta cómo está funcionando el mundo, le tienen que apuntar a la investigación.

¿Cómo considera que está el periodismo en Colombia, a la luz de los avances y las tendencias tecnológicas, pero también a la luz del negocio mismo de los medios como entretenimiento y de la noticia como parte de la industria?

Colombia es un país grande. No es el país pobre que nos enseñaron de niños, así la plata esté muy mal repartida. Lo que se produce en Colombia es como Colombia, un país intermedio. Es la tercera economía de América Latina, se disputa el cuarto lugar con Argentina. Yo creo que la economía es un buen diagnóstico de lo que se produce en periodismo y cultura. Yo diría que el periodismo de Colombia es el tercero o cuarto de América Latina. Usted es columnista dominical, ¿ejercer la opinión lo hace a uno inmediatamente periodista?

Es el tipo de periodismo que yo más he venido ejerciendo, que tiene periodicidad. Para mí la columna es un género especial que se podría llamar un “ensayo breve” que se publica en la prensa. Es un género literario con antecedentes importantes en Colombia. García Márquez se formó escribiendo “La Jirafa” en Barranquilla. Así se llamaba su columna que salía dos o tres veces por semana y que a él le dio algo que también hay que tener, y es una mano entrenada para escribir rápidamente lo que a uno se le ocurra.

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Vigía del Fuerte: el municipio más pobre de Antioquia

A pesar de ser un adalid de recursos naturales, es el único del departamento que no tiene interconexión eléctrica y sus habitantes viven sin ninguna necesidad básica satisfecha.

Foto por:

Reportaje publicado en el Periódico Contexto de la UPB (2013).

 

Por: Juan Pablo López Molano y Natalia Andrea Calderón Ruiz…

Este pueblo del Urabá antioqueño con costumbres chocoanas, está localizado a orillas del Atrato Medio, un corredor vial con salida a los océanos Atlántico y Pacífico y a la República de Panamá, razón por la cual es de interés para grupos al margen de la ley. Desde 1983, cuando Vigía del Fuerte se erigió como municipio, conviven allí afrocolombianos e indígenas embera, que hoy, tras 200 años de la independencia de Antioquia, subsisten aún sin alcantarillado, un acueducto dañado y  solo 12 horas de energía eléctrica.

El municipio se localiza en el Pacífico colombiano: una zona húmeda y selvática en la que sus pobladores se mueven indistintamente de un lugar a otro. Antioqueños y chocoanos se bañan en el mismo río, separados por tan solo 282 metros. Desde la cabecera municipal de Vigía se divisa Bojayá, un pueblo del Chocó con el cual comparte una historia de abandono estatal.

A pesar de la ubicación estratégica, “a Vigía del Fuerte le hace falta todo, pues lo que tiene, está a medias: cuando hay un médico, entonces no hay medicinas”, afirma Eliodoro Roa, habitante del municipio desde hace 30 años. En este pueblo, de 1.780 Km2 de extensión, se vive especialmente de la pesca, el cultivo del plátano, el maíz, el arroz y algunos árboles frutales, como el borojó. “Es el pueblo más pobre en el sentido que no tiene aún interconexión; pero no en su gente, porque tienen sus dos manitos para trabajar”, asegura la alcaldesa del lugar, Miryamdel Carmen Serna Martínez.

En realidad existen dos Vigía del Fuerte, la viva y la muerta, la que tiene luz y la que no. A las 12 del día una planta de energía alimentada por ACPM le devuelve la vida a un pueblo que muere 12 horas después, cuando le cortan  puntualmente el suministro. La Vigía de la mañana es oscura y lluviosa, de noticias radiales emitidas desde Quibdó; pero después de las 12 en punto del medio día no pasan más de diez segundos para que la champeta, el vallenato y las novelas de la tarde aturdan las pocas calles del casco urbano.

Arribar al municipio no es fácil. La llegada del pavimento a Vigía sería como la llegada del hielo a Macondo: no hay vías terrestres, por consiguiente, ni carros ni motos. Para entrar al lugar hay que armarse de valor y aterrizar en una pista de pasto y tierra, u optar por la vía fluvial que se demora entre tres y cuatro horas en panga, una lancha impulsada por motores 150 V6 de Yamaha para 10 personas. Le meten hasta 18. Sigue leyendo

Donde ellos terminan, nosotros comenzamos

Recorrido por los tres grandes puertos del Valle de Aburrá

José Rujano coronando el Escobero.

Artículo publicado para el periódico Contexto de la UPB (2013).

 

Por: Juan Pablo López 

 La geografía escarpada que encierra al valle franqueado por el río Medellín hace que el término ‘romper piernas’ cobre una acepción hermosa. El Alto de Las Palmas, la Loma del Escobero y el Alto de Santa Elena son los puertos responsables de haber consagrado actuaciones de ciclistas del talante de Lucho Herrera; pero más importante aún, son las montañas las garantes de forjar las piernas de jóvenes que aspiran a convertirse en escarabajos foráneos en el viejo continente, como de hecho, ahora lo son con éxito Sergio Luís Henao, Carlos Betancur, Nairo Quintana y Rigoberto Urán.

 Estos ascensos que, para ser coherentes, están a la altura de los grandes puertos europeos, son como una especie de edén ciclístico. La topografía y eterna sensación climática primaveral de Medellín hacen que sea el sitio ideal para que los amantes de la bicicleta, tanto profesionales como ciclo turistas, salgan a devorarse los kilómetros cuesta arriba de las tres cumbres bestiales del Valle de Aburrá.

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Doce del medio día. Un calor abrumador catalizaba la sensación térmica del asfalto en el kilometro 9 del ascenso a Las Palmas por la variante de El Tesoro, en la edición 57 de la Vuelta a Colombia (2007). Fue justo a esa altura donde Mauricio Ortega decidió atacar y amenazar la camisa del líder, la camisa que en ese momento portaba “el Santi” Botero (que entre otras cosas, lo estaban atacando en su propia casa, en su lugar de entrenamiento). “Santiago, un mes antes de la Vuelta a Colombia, me dijo que hablara con (Sergio) Fajardo para que quitara la llegada en Las Palmas. Él le tenía mucho agüero a esa subida y el día anterior ni durmió. Tuve miedo de que ese día perdiéramos la Vuelta”, apunta el técnico más ganador en la historia del ciclismo Colombiano: Raúl Meza. Sigue leyendo

Fumata blaugrana

Por: Juan Pablo López

Estaba un poco impaciente. Había perdido todo el sentido de la concentración viendo “Un perro andaluz” en el salón 507 del bloque #7 (clase de imagen). Pasaban de largo las 2 y 30 de la tarde, la señal del smartphone que no entraba ni con antena satelital y ese detalle solo me desesperó un poco más hasta que de ipso facto escuché un grito de euforia colectiva que venía desde el “Comfama” de la Universidad Pontificia Bolivariana. Sentí tristeza.

La razón del grito desmedido había sido el gol “Messianico” del rosarino al minuto 4’ del partido, pero ese detalle no fue precisamente lo que me causó congoja. En realidad el motivo de mi desasosiego era por el hecho de que festejaron con jolgorio un gol que no les pertenece.

Si decía que estaba impaciente era porque quería disfrutar un buen partido, quería ver fútbol en su expresión superlativa. Quizá había elegido un bando pero fue por un principio nacionalista; yo sí quería ver al “Negro” Zapata salir triunfante del Camp Nou. Pero volvamos al tema central. Pasaron 15’ minutos y por fin me liberaron de esa tortura que habían creado mis ansias en el aula.  Salí en ese paso intermedio entre caminar y trotar, presioné el contaminado botón del ascensor y cuando se abrió, se catalizó mi desconsuelo por cuestiones de marketing: Dos de los tres hombres que militaban el ascensor en ese momento, portaban la casaca del Barcelona, o del “Barça”, como seguro le deben decir ellos.

Salí corriendo del elevador como cual niña preocupada porque la van a ultrajar. Me ubiqué maltrecho en una silla y ya veía cómo el muchacho de Padilla, Cauca contenía los esfuerzos del ataque catalán, pero pronto llegó otra pincelada de la versión no mundialista de Messí, es decir, la iluminada, y concretó el segundo. Se desató en mí un odio incontrolable al ver el júbilo malgastado de tantos vende patrias que ni se enteran cuando Colombia gana algo importante en cualquier otro deporte.

En el entre tiempo todo volvió a la normalidad, como debió ser siempre. Calma, e “intelectualidad” por 15’ minutos, pero de nuevo se fueron a la mierda cuando a los 9’ minutos del complemento a David Villa le dio por sacar un zurdazo endemoniado al palo derecho del calvo Abbiati. Otra vez la emoción injustificable, y todo pintaba para goleada y remontada memorable. Quise distenderme un poco mirando lo que se decía en las redes sociales pero eso solo agravó la situación. Ahí es donde los aduladores sin argumentos pululan por doquier, todos volvieron a ser hinchas del Barcelona inexplicablemente e incluso el oportunista diario Olé, aprovechó para adelantar su portada del día siguiente en dónde titulaban con “sensación” una cita de Messi indagando: “¿Quién dijo que estoy triste?”.

Dominio total del Barcelona, un total de 696 pases de los cuales 610 fueron con éxito, adjudicándose un 88% de efectividad, tesis del cuarto tanto al minuto 91’ de un hombre de La Masía, Jordi Alba. Y de nuevo el explayamiento de los empalagosos hacía presencia, haciéndome sentir que hoy no había perdido el Milán, sino la patria. Me fui un poquito indignado y afligido a clase (30’ minutos tarde), pero las estadísticas y la fina coquetería futbolística me hicieron concluir que también es, y fue justo decir, que en el Vaticano se equivocaron al echar al aire la fumata negra; hoy martes 12 de marzo del 2013, la fumata, sin duda alguna, fue blaugrana.

El fin de la especulación

Hedonismo en párrafos regresa tras unos largos meses de ausencia, pero volvimos recargados de 9 páginas (un bodrio académico) explicándole a algunos desorientados que el mundo, tal y como lo conocemos no se va acabar este 21 de diciembre. A continuación, entreténgase con un “collab” de un duo que incluso ha “mojado” la prensa de grandes revistas literarias del mundo (?)

Por: Juan Pablo López y Daniela Rojas

Que el mundo, al menos tal y como lo conocemos, se acaba este próximo 21 de diciembre del 2012. Esa es, a grandes rasgos, la creencia que albergan muchas personas, influenciadas por supuestas profecías de los mayas que auguran un sin fin de pestes y desastres que habrían de azotar a la humanidad y de conducirla a su exterminio.

Sebastián Cifuentes, un joven de 20 años estudiante de Administración de Empresas, es un acérrimo creyente de este supuesto cataclismo que habría de ocurrir y lleva todo el año preparándose para hacer frente a cualquier posible situación catastrófica que aquel fatídico día le presente. “Un día antes me voy a llevar a toda mi familia y a la de mi novia para mi finca en Llanogrande, allá tengo almacenado más o menos un millón de pesos en enlatados, productos de aseo y también un arma y algunos cuchillos para protección”. Además de estas medidas Sebastián realizó un curso de tiro donde aprendió a utilizar fusiles y pistolas, otro de defensa personal y uno más de supervivencia para, por ejemplo, aprender a hacer fuego con palos o a fabricar herramientas y armas desde cero.

Carolina Cuartas por su parte decidió a mediados de este año posponer sus estudios de Mercadeo en la Universidad Eafit para irse a vivir seis meses en París “el argumento que le di a mis padres para viajar fue que quería ir a estudiar francés, fue perfecto porque tengo una prima que estudia diseño de Modas aquí y ellos estuvieron de acuerdo, la razón real es que no me quería morir sin conocer París” cuenta.

Sebastián y Carolina, pese a lo anterior, no son personas que presenten alguna enfermedad mental, haya sufrido algún trauma en su infancia o vivan en un ambiente de condiciones extremas, por el contrario son jóvenes pertenecientes a la clase alta de la ciudad de Medellín, que llevan una vida que en términos generales se podría calificar como normal. Entonces, ¿cuál sería la explicación lógica o justificación de ese comportamiento y el de las millones de personas más que comparten su creencia en todo el mundo?

Las razones podrían ser diversas pero si algo es seguro es que la explotación mediática y comercial del tema, que ha sido inmensa sobretodo en el presente año, ha tenido mucho que ver en esta creciente paranoia colectiva.

El canal National Geographic, por ejemplo, lanzó a principio del año la serie televisiva “Preppers” la cual narra la vida de algunas familias estadounidenses que preparan sus vidas ante un posible desastre de proporciones épicas, construyendo bunkers y almacenando todo tipo de armas, comida, agua y demás elementos necesarios para sobrevivir. También el canal RCN lanzó un programa llamado “Crónicas del fin del mundo”, que más bien era una pseudo-investigación sensacionalista que partía de simples rumores, con un solo propósito: infundar el miedo.

La publicidad también ha sacado un muy buen provecho del auge del fin del mundo, pues “es la herramienta de mercadeo por excelencia”, afirma Juan Sebastián Esguerra, publicista FreeLancer que por idiosincrasia rechaza de antemano cualquier teoría sobre el fin del mundo. Él, a pesar de estar consiente del consumismo que ha potenciado este campo, considera que en Colombia hay buenas regulaciones comerciales que de alguna forma protegen al comprador. En este país, no se puede andar ofreciendo en televisión, radio o cualquier medio de comunicación, productos que no cumplan con lo estipulado, es decir, cualquier hipérbole medianamente irregular, puede ser sancionada gravemente con un monto económico.

Por esta razón en Colombia las grandes empresas no han podido utilizar la premisa del fin del mundo como un hecho factible para comercializar sus productos, referentes o no, al supuesto apocalipsis que tendría lugar este 21 de diciembre.

Por otro lado, Esguerra no deja de resaltar que en países en donde las regulaciones son más flexibles y permiten ciertos engaños por parte de las empresas, aprovechan este tipo de acontecimientos como un arma de mercadeo letal, aprovechándose de la ignorancia general del pueblo para catalizar sus productos. No obstante, en Colombia algunas marcas han sabido aprovechar este acontecimiento sin infringir las leyes estipuladas.
Axe por ejemplo, creó su último desodorante con el título “Axe Fin del mundo” en donde simplemente lanzan un interrogante sobre si sucederá o no el día final este año. Sigue leyendo

El MAMM para Dummies

Una mona sublime me preguntó que si el nombre de esta obra era “eso en 4 no se ve”

Empalizada/ 2000/ Óleo sobre tela/ 150cm x 150cm Credi-Foto: MAMM

Por: Juan Pablo López

Para los que no saben, el MAMM es el Museo de Arte Moderno de Medellín, un espacio donde se trata de mostrar diversos tipos de manifestaciones artísticas y culturales, no para un público objetivo, sino para que una variedad del mismo, disfrute de las sorpresas que el MAMM tiene para cada individuo que visita el museo.

Repasando su historia, el Museo de Arte Moderno de Medellín fue fundado en 1978 por un grupo de la “generación urbana” con un objetivo claro, y era precisamente el nacimiento e interés del público nacional e internacional por el arte moderno y contemporáneo. Inicialmente se ubicó en el sector Carlos E. Restrepo, pero en el 2009 el museo se trasladó a Ciudad del Río, -zona que alberga al MAMM desde entonces- renovando los aires de este espacio cultural contemporáneo.

En el MAMM el usuario, -o usted querido lector- se encontrará no sólo con exposiciones artísticas temporales, si no que también tendrá la oportunidad de recrear y despertar su pasión cultural con variados cursos de diferentes disciplinas, con talleres, charlas, cinema, laboratorios referentes a los temas que propone el MAMM, e incluso cuenta con un espacio para eventos de culinaria.

***

Todas las descripciones anteriores parecerían destellos de publicidad altamente pagada por el mismo MAMM, pero la verdad es que el objetivo primario de estos párrafos y lo que importa en realidad, es si al público dummie” de la ciudad, le interesan las propuestas de arte contemporáneo que sugiere y expone el museo que reposa en la nueva mega urbe de Ciudad del Río.

Por estos días (del 23 de noviembre del 2011, al 4 de marzo del 2012), la exposición de Beatriz González “La comedia y la tragedia. Retrospectiva 1948 – 2010” milita en los terrenos del MAMM, y su misión es que el público en la máxima expresión de la diversidad, se empape de la mirada retrospectiva sobre unos ejes temáticos. Pero quién mejor que el mismo website del MAMM para que nos explique, a nosotros los “dummies” del arte, en qué consiste la obra de esta artista colombiana a la cual el museo también le quiso rendir tributo: Sigue leyendo

De la necesidad al sueño americano (Testimonio)

Por: Juan Pablo López

“En los años 90 la situación en Colombia estaba muy difícil por lo que ya todos saben: el narcotráfico, paramilitares, guerrillas y demás problemas de violencia. Yo me vi envuelto en todas estas situaciones porque yo era el administrador de la división agropecuaria de cementos El Cairo. Tenía que estar viajando a fincas en zonas “calientes” de todo el territorio nacional y desafortunadamente me tocó vivir una experiencia muy difícil que me obligó a despedir a un empleado del sindicato que incluso tenía lazos con paramilitares. A raíz de este problema lo hicieron encadenarse a las puertas de la fábrica por donde salía todo el cemento, que en ese entonces era para la construcción del metro en Medellín. Me vi obligado a renunciar porque recibí varias amenazas de muerte, de las cuales ejecutaron dos, pero pude salir con vida afortunadamente.

Después me fui a trabajar para el Gobierno en el frigorífico de Urabá, a reemplazar al saliente administrador que había sido secuestrado por la guerrilla y tenía como jefe inmediato al gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez. A pesar de que tenía muy claro que el trabajo era peligroso, los primeros seis meses fueron tranquilos y conseguí cosas importantes para la compañía.

Una noche de diciembre del año 96, el quinto frente de las FARC hizo una incursión en el frigorífico y detonó 70 kilos de dinamita, destruyendo gran parte de las estructuras e instalaciones. A los ocho días regresaron y decapitaron al celador. En ese mismo momento hubo un enfrentamiento con los paramilitares y el Ejército, había 100 soldados que rodeaban el frigorífico… no quedó nada. Murieron 20 guerrilleros y 12 de nuestros empleados. en esa ocasión me salvé. Días después me hicieron otro atentado. Entregué lo que quedó de la empresa y me fui a vivir a Cartago (Valle).

Allá llegue con una muy mala situación económica, comencé de cero y desafortunadamente la violencia no esperó, pues al año y medio de estar viviendo en la casa que estaba arrendando, mataron a mi vecino en la puerta de mi casa. Lo llevé a la clínica, pero el tipo murió y eso quedó así. Hubo otra ocasión en la que en medio de la huida de un robo, la moto en la que iban los ladrones chocó conmigo. Los delincuentes murieron tras recibir disparos de la Policía y yo sobreviví al atropello y los balazos nuevamente.

No aguanté más. todos esos hechos marcaron mi vida negativamente y sentí que era hora de un cambio, todo había pasado por algo. Dejé a mis hijos y esposa en Cartago, compré un tiquete para Chicago porque allá vivía una tía, aprovechando la visa que tenía de trabajo por mis empleos anteriores. Le dije que necesitaba quedarme unos días, pero me dijo que no. Entonces me le aparecí por sorpresa y me dio 15 días para resolver mi situación. De inmediato empecé a trabajar en la cadena de pizzerías que ellos tenían. Fue en un invierno tenaz, hacían casi -22°C, los cuales tuve que padecer repartiendo volantes de la pizzería.

Yo creía que lo que me habían señalado para repartir era mi trabajo para el día, pero no, era lo de una semana. Ese día repartí tantos volantes que por la noche en la pizzería las llamadas no paraban.

Pasados los días mi prima me dijo que ya no podían tenerme en el negocio porque no tenía papeles y sin importar que mi desempeño fuera excelente, mi tía me dijo: “Te tenés que ir Dieguito”.

Ese momento coincidió con el traslado del novio de una prima a Cleveland (Ohio), en donde consiguió un trabajo como administrador de un bar y restaurante. Entonces me fui con él y allí empecé a trabajar en el aseo del lugar: lavaba 16 baños, trapeaba y limpiaba todo el día. Trabajé ahí durante un año y medio, en donde me destaqué como un empleado capaz, eficiente y que sabía muchas cosas, o como decimos en Colombia, un “todero”, gracias a mis trabajos anteriores.

En ese entonces ganaba siete dólares por hora. Reuní lo suficiente para traer a mi esposa y mis dos hijos con pasaportes y todo. Gracias a Dios fue algo muy breve porque se las dieron fácil al igual que las visas. Así que a los tres meses de trabajo pude estar con mi familia de nuevo.

Pasaron los meses y logré entrar a otro restaurante llamado Mayorca. Allí comencé recogiendo mesas y lavando platos hasta que el dueño del restaurante se dio cuenta de que podía hacer mucho más, confió en mí y me dio la oportunidad de ascenderme a ayudante del camarero, me dieron traje de esmoquin y todo.

Por esas épocas ya empezaba a entender un poco más el idioma y a balbucearlo, así que con dificultad me aprendí los nombres de todos los platos a manera de versos. Iba a las mesas y tomaba las órdenes escribiendo lo que oía. Tenía bastante contacto con los clientes porque en medio de mi desconocimiento del inglés, hacía la estadía de ellos agradable y me hacía valer por mis recursos histriónicos.

El dueño del bar, viendo mi desempeño y dedicación, decidió ascenderme a camarero. Ahí ya me estaba ganando entre 700 y 800 dólares a la semana, eso era mucho en comparación con lo que se ganaban los otros empleados que llevaban trabajando ahí mucho más tiempo.

Para el año 2002 se me presentó una nueva oportunidad: a mí siempre me han gustado las artes, yo hacía dibujitos en hojitas y cosas así, pero nunca para comercializar ni nada, solo me gustaba por distracción. Así fue como el dueño del bar me vio dibujando y me propuso que le hiciera unos cuadritos para decorar el restaurante. Me acuerdo que le hice una escena de San Fermín y el tipo quedó enamorado y me dio 750 dólares más, la sorpresa fue que necesitaba otros diez más y me abonó en ese mismo instante dos mil dólares para los materiales.  Sigue leyendo