El escritor en pausa

Foto por: Mauricio Atencia

Entrevista publicada en la edición #42 del Periódico Contexto

Entrevista a Héctor Abad Faciolince realizada en marzo de 2014. Por: Juan Pablo López / @_Hedonista_

 Entro a la oficina de Héctor Abad que es más bien un cubículo de cinco metros de ancho por tres de largo. Me recibe Luz Dary Galeano, su secretaria, y me dice que el señor Héctor está como “atrasadito”, que lo espere un momento. 15 minutos después de silencios, entra con paso apresurado el escritor que detesta hablar de su propia obra. Saluda con mayor ligereza e ingresa a la parte de su despacho en donde ya lo esperaba otra persona. Hablan aproximadamente 10 minutos. Intento con ahínco escuchar de qué departen a través de las paredes, pero solo concluyo que aquel hombre le estaba haciendo algún tipo de propuesta. Sale con un semblante indescifrable y de inmediato la señora Galeano me hace pasar. Apenas atravieso la puerta, su mirada, que entre afable pero exigente se camufla, me embiste haciendo tambalear mi pose de seguridad.

¿Usted siente que le falta mucho por leer?

Afortunadamente sí. No solamente de libros que ya se escribieron, sino de libros que se van a escribir… Yo sé que se van a producir muchísimas maravillas, en literatura, en ciencias…

¿Qué es lo esperanzador? ¿No coincide con ese imaginario colectivo que hay en el arte, en donde se piensa que ya todo está hecho?

No, para nada, no tenemos ni idea. No sabemos qué nos depara el futuro. Van a haber cosas nuevas y absolutamente extraordinarias que a nosotros no se nos habían ocurrido y nos van a llevar a pensar “cómo es que no habíamos pensado esto”. Lo esperanzador es que nunca en la historia del mundo había tanta gente produciendo libros, produciendo conocimiento.

¿Un libro puede influir terriblemente en la vida de alguien?

Sí. Un libro es una conversación con otra persona. Es una plática muy detallada y precisa sobre otros temas con otro ser que sabe sobre esos temas. Así como hay personas que influyen sobre nuestras vidas y decisiones más íntimas e importantes, un libro también puede llegar a ser un accidente tan importante como el de perder una pierna. Definitivamente un libro lo puede llevar a uno a tomar decisiones drásticas en la vida, tanto que la pueden cambiar por completo.

¿Qué textos le sugeriría como imperativos a estudiantes de periodismo antes de graduarse?

[Silencio prolongado] A mí no me gustan los imperativos, pero sí me parece imperativo que los estudiantes de periodismo aprendan inglés y lean los grandes reportajes del latín de nuestros días. Los textos del New Yorker, del Washington Post, del New York Times, del The Guardian… Y no para escribir en inglés, sino para saber qué se hace en el latín de ahora.

¿En el 2013, narró una novela a través de trinos, ¿ha soñado con una forma multimedial distinta, innovadora e interactiva para presentar literatura?

Yo creo que allí hay unas posibilidades nuevas que yo no fui capaz de explorar hasta el fondo. No me gusta quedarme atrás, ni envejecerme con las herramientas tradicionales que aprendí. Mi mamá ha sido siempre un ejemplo para mantener la mente activa, esa mente que se maravilla con las invenciones de cada década. Hay que conservar una mente juvenil para estudiar las nuevas herramientas y así adaptar su arte a ellas. Yo intenté hacerlo en Twitter con el arte en el que me he especializado, que es la narración y la literatura y no me funcionó… Fue un fracaso, pero lo intenté y no estoy arrepentido.

¿El abrumador flujo digital, y el afán por la inmediatez de los medios está matando al periodismo duro de investigación?

Pues no, al revés. Los medios ya no pueden competir con el entorno digital, se tienen que dar por vencidos. La noticia o primicia la va dar Twitter antes que la radio, la televisión o el periódico. Es por ello que los medios tienen que tratar de fortalecerse en otras cosas, precisamente más en la investigación, en el reportaje en profundidad, en revelar lo que lo inmediato no puede revelar. Entonces los medios de comunicación sensatos que se dan cuenta cómo está funcionando el mundo, le tienen que apuntar a la investigación.

¿Cómo considera que está el periodismo en Colombia, a la luz de los avances y las tendencias tecnológicas, pero también a la luz del negocio mismo de los medios como entretenimiento y de la noticia como parte de la industria?

Colombia es un país grande. No es el país pobre que nos enseñaron de niños, así la plata esté muy mal repartida. Lo que se produce en Colombia es como Colombia, un país intermedio. Es la tercera economía de América Latina, se disputa el cuarto lugar con Argentina. Yo creo que la economía es un buen diagnóstico de lo que se produce en periodismo y cultura. Yo diría que el periodismo de Colombia es el tercero o cuarto de América Latina. Usted es columnista dominical, ¿ejercer la opinión lo hace a uno inmediatamente periodista?

Es el tipo de periodismo que yo más he venido ejerciendo, que tiene periodicidad. Para mí la columna es un género especial que se podría llamar un “ensayo breve” que se publica en la prensa. Es un género literario con antecedentes importantes en Colombia. García Márquez se formó escribiendo “La Jirafa” en Barranquilla. Así se llamaba su columna que salía dos o tres veces por semana y que a él le dio algo que también hay que tener, y es una mano entrenada para escribir rápidamente lo que a uno se le ocurra.

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Un elogio al olvido truncado

(Columna publicada en el periódico Contexto)

Por: Juan Pablo López

Por motivo del Hay Festival, hace algunos días se cumplió una conversación que cobró tintes de debate entre el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince y el prestigioso periodista y politólogo David Rieff, autor del libro “Contra la memoria”.

Por si no lo sabía, Reiff es hijo de una señora que se llamaba Susan Sontag. Su reputación claramente lo precede, al igual que sus publicaciones, que en lo personal, me dejaron unas encrucijadas mentales de proporciones bíblicas.

Vamos directamente a la tesis de Rieff: él, un norteamericano que ha cubierto las guerras de Irak, Bosnia, Palestina, Kosovo, entre otras igual de sanguinarias, plantea que la memoria es el principal enemigo de la paz. La aborda como si fuera una acción intoxicante.

Y aquí fue cuando los hemisferios de mi cerebro comenzaron a entrar en conflicto. Me decía a mí mismo: “Entonces, ¿este man lo que me propone es un Alzheimer que suprima rencores y el perdón?”

Pues si lo analizamos bien, no suena tan descabellada la idea. Es una postura, que merece ser analizada con todo el rigor posible. Yo la extrapolé a temas banales de la cotidianidad y de inmediato me imaginé una orbe ideal: sin sufrimientos por desamores, sin la nostalgia por los ausentes… en fin, la vi como la solución más pragmática para resolver cualquier pugna que presentara la vida.

Ahora bien, es fácil adoptar dicha postura cuando gran parte de la vida se ha vivido en una burbuja y el conflicto no le ha estallado en la cara. Por ello, pacté con mi ser que por más seductora que sonara la idea de un elogio al olvido, en este gran debate moral y ético no puede salir triunfante la impunidad. Consideré mediocre la idea de andar por la vida con una ambivalencia epistémica que no conoce ni la verdad ni el perdón. El problema es que en este contexto colombiano, los que añoran una paz sin impunidad, la ven inherente al castigo, y peor aún, toman por sinónimos a la paz con la victoria.

Tenemos que hablar

Por:  Juan Pablo López

Tú no sabes nada de nada, Annie. Me encomiendas a la desdicha, no sabes cuánto. Recuerda aquella vez en que, como cualquier par de adolescentes estúpidos cegados por la melosería y el descubrimiento del primer cuerpo ajeno, pactamos casarnos algún día. Pues te digo que desde hace un buen tiempo, me he desencantado de esos idealismos, pero debo admitir que, siendo yo un enamorado fundamentalista de la república, te has convertido para mí en un estado fallido.

Aunque no lo parezca, soy un hombre muy sensato. Solo quería equilibrio, que entregáramos lo mismo, pero ahí estás tú, ¡cobarde! Resguardada siempre, sin dar un paso en falso, ennegreciendo esa roca que tienes de corazón. Siento que he estado haciendo un esfuerzo, y en mi concepción romántica del amor, los ahíncos en materias amatorias no tienen que suceder. El deseo y la pasión deben ser de los sentimientos más naturales e inocentes; para nada forzados.

De hecho, te culpo a ti, Annie, por hacer que mis ojos y extremidades se estén inclinando a palpar otros cuerpos diferentes al tuyo, y todo porque eres un témpano. Bueno, la verdad es que siempre fuiste muy fría, incluso más de lo que estás ahora. Reconozco que no tengo la certeza de saber si fuiste una puta o no. No sé si tu posición favorita era a mis espaldas, o si andabas conmigo solo porque gozaba de una solvencia económica considerable. Aún así, sin haberme hecho un daño directo, fui acumulando un rencor y odio por ti; similar, creo yo, a lo que sentía cualquier miembro del Tercer Reich por Roosvelt, Churchill o Stalin.

Reitero que eres la responsable de mis amarguras, Annie. Eres la causante de mis tristezas, de mis nostalgias, de mis añoranzas, de mis agresividades mentales, de mis existencialismos… Incluso de mis utópicas felicidades que ahora veo efímeras en un pasado nublado, gracias a este presente frígido que me das, y ahora me obligas a hacerlo recíproco.

Decía que teníamos que hablar, Annie. Convengo que me he quitado unos barrotes enormes que tu silueta menuda y maleable puso en mis hombros. Bien podría realizar una adaptación de Milán Kundera diciendo que la levedad de tu cuerpo no tardó mucho en revelar su insoportable peso, pero me equivoqué hace unos momentos, ya ni la dignidad de un símil mereces.

Dispénsame Annie, y te ruego me eximas de cualquier culpa porque bien sabemos quién la tiene aquí, pero debo seguir con mi vida. Por ahora tú, sigue ahí tendida, parca. Es que de verdad tan gélida eres Annie, que has logrado extrapolar tu conducta rígida y glaciar, hasta el más ínfimo centímetro de tu cuerpo.

 

Adios, Annie…

Vigía del Fuerte: el municipio más pobre de Antioquia

A pesar de ser un adalid de recursos naturales, es el único del departamento que no tiene interconexión eléctrica y sus habitantes viven sin ninguna necesidad básica satisfecha.

Foto por:

Reportaje publicado en el Periódico Contexto de la UPB (2013).

 

Por: Juan Pablo López Molano y Natalia Andrea Calderón Ruiz…

Este pueblo del Urabá antioqueño con costumbres chocoanas, está localizado a orillas del Atrato Medio, un corredor vial con salida a los océanos Atlántico y Pacífico y a la República de Panamá, razón por la cual es de interés para grupos al margen de la ley. Desde 1983, cuando Vigía del Fuerte se erigió como municipio, conviven allí afrocolombianos e indígenas embera, que hoy, tras 200 años de la independencia de Antioquia, subsisten aún sin alcantarillado, un acueducto dañado y  solo 12 horas de energía eléctrica.

El municipio se localiza en el Pacífico colombiano: una zona húmeda y selvática en la que sus pobladores se mueven indistintamente de un lugar a otro. Antioqueños y chocoanos se bañan en el mismo río, separados por tan solo 282 metros. Desde la cabecera municipal de Vigía se divisa Bojayá, un pueblo del Chocó con el cual comparte una historia de abandono estatal.

A pesar de la ubicación estratégica, “a Vigía del Fuerte le hace falta todo, pues lo que tiene, está a medias: cuando hay un médico, entonces no hay medicinas”, afirma Eliodoro Roa, habitante del municipio desde hace 30 años. En este pueblo, de 1.780 Km2 de extensión, se vive especialmente de la pesca, el cultivo del plátano, el maíz, el arroz y algunos árboles frutales, como el borojó. “Es el pueblo más pobre en el sentido que no tiene aún interconexión; pero no en su gente, porque tienen sus dos manitos para trabajar”, asegura la alcaldesa del lugar, Miryamdel Carmen Serna Martínez.

En realidad existen dos Vigía del Fuerte, la viva y la muerta, la que tiene luz y la que no. A las 12 del día una planta de energía alimentada por ACPM le devuelve la vida a un pueblo que muere 12 horas después, cuando le cortan  puntualmente el suministro. La Vigía de la mañana es oscura y lluviosa, de noticias radiales emitidas desde Quibdó; pero después de las 12 en punto del medio día no pasan más de diez segundos para que la champeta, el vallenato y las novelas de la tarde aturdan las pocas calles del casco urbano.

Arribar al municipio no es fácil. La llegada del pavimento a Vigía sería como la llegada del hielo a Macondo: no hay vías terrestres, por consiguiente, ni carros ni motos. Para entrar al lugar hay que armarse de valor y aterrizar en una pista de pasto y tierra, u optar por la vía fluvial que se demora entre tres y cuatro horas en panga, una lancha impulsada por motores 150 V6 de Yamaha para 10 personas. Le meten hasta 18. Sigue leyendo

Donde ellos terminan, nosotros comenzamos

Recorrido por los tres grandes puertos del Valle de Aburrá

José Rujano coronando el Escobero.

Artículo publicado para el periódico Contexto de la UPB (2013).

 

Por: Juan Pablo López 

 La geografía escarpada que encierra al valle franqueado por el río Medellín hace que el término ‘romper piernas’ cobre una acepción hermosa. El Alto de Las Palmas, la Loma del Escobero y el Alto de Santa Elena son los puertos responsables de haber consagrado actuaciones de ciclistas del talante de Lucho Herrera; pero más importante aún, son las montañas las garantes de forjar las piernas de jóvenes que aspiran a convertirse en escarabajos foráneos en el viejo continente, como de hecho, ahora lo son con éxito Sergio Luís Henao, Carlos Betancur, Nairo Quintana y Rigoberto Urán.

 Estos ascensos que, para ser coherentes, están a la altura de los grandes puertos europeos, son como una especie de edén ciclístico. La topografía y eterna sensación climática primaveral de Medellín hacen que sea el sitio ideal para que los amantes de la bicicleta, tanto profesionales como ciclo turistas, salgan a devorarse los kilómetros cuesta arriba de las tres cumbres bestiales del Valle de Aburrá.

                                                                    ***

Doce del medio día. Un calor abrumador catalizaba la sensación térmica del asfalto en el kilometro 9 del ascenso a Las Palmas por la variante de El Tesoro, en la edición 57 de la Vuelta a Colombia (2007). Fue justo a esa altura donde Mauricio Ortega decidió atacar y amenazar la camisa del líder, la camisa que en ese momento portaba “el Santi” Botero (que entre otras cosas, lo estaban atacando en su propia casa, en su lugar de entrenamiento). “Santiago, un mes antes de la Vuelta a Colombia, me dijo que hablara con (Sergio) Fajardo para que quitara la llegada en Las Palmas. Él le tenía mucho agüero a esa subida y el día anterior ni durmió. Tuve miedo de que ese día perdiéramos la Vuelta”, apunta el técnico más ganador en la historia del ciclismo Colombiano: Raúl Meza. Sigue leyendo

Me enamoré

Por: Juan Pablo López

Ya he criticado mucho al periodismo, estoy mordiendo la mano de lo que supuestamente me dará de comer. En las ediciones pasadas del Periódico Contexto, desenfundé una insolencia camuflada por inconformidades y quizá hasta odios sobre cómo se está ejerciendo la labor periodística en Colombia, pero ya no más. Es hora de darle paso al amor, a la seducción, al deseo afrodisiaco que produce éste, el cuarto poder.

Decía que me había enamorado. Sucedió hace poco, la había conocido hace unos cuatro  años atrás. Me habían hablado muy bien de ella, pero al conocerla más a fondo fui conociendo verdades que me llenaban la boca de sinsabores, de desencantos; tal y como pasa con el amor por una mujer hermosa pero que tiene un coeficiente intelectual inferior a 80.

Y es lo normal, nada en la vida es perfecto. Esa sensación de plenitud siempre es pasajera, la felicidad completa no existe. Le di otra oportunidad, pero creo que esta vez ella fue la que hizo las labores de cortejo y lo logró, me conquistó y ahora… heme aquí tenido en la cama, entregado a ella, redactándole mis más profundos odios y amores.

Quizá estoy un poco jodido. Eso dicen de las personas cuando están enamoradas y llegan a un punto de no retorno. Creo que yo ya pasé por ese punto, mierda. El asunto es que tampoco me importa qué tan mal hablen de él, o bueno, mejor cámbienle el género para no generar suspicacias por mi inclinación sexual. Explicaba que no me importa que lancen calumnias e injurias contra esta deliciosa profesión. De hecho es en parte deuda nuestra cambiarle la percepción a esa gente que no es capaz de ver el mundo más allá de sus narices (que es como casi todo el mundo lastimosamente). Tampoco me importa que no sea ostentosa, ella me brinda mucha variedad y hedonismo. Un día puedo estar con una haciendo reportería de inmersión, mañana puedo estar escribiendo una columna como esta, pasado mañana… quién sabe con qué ‘ricura’ estaré. El periodismo definitivamente es la poligamia de las letras.

 Espero me entiendan y justifiquen así sea un poco, es que, ¿cómo no enamorarse de una profesión que te regala una visión completa y objetiva del mundo? ¿cómo no sucumbir ante las curvas de la investigación, análisis y la opinión? ¿cómo negarle un beso o caricia a la oportunidad de decir la verdad? ¿cómo no querer ser el contrapeso del poder en esta sociedad injusta y oligarca? Lo siento, pero creo que a esta tentación, solo se le puede huir cayendo en ella.

50 sombras colombianas

Por: Juan Pablo López

La presente es una queja y llamado de atención al pueblo sexualmente activo de Colombia. Esta vez me dirijo a ustedes, minorías. Menos mal ya pasó un buen tiempo de aquella modita pseudo sexual de Fifty Shades of Grey, libro maligno escrito por la señora E. L. James a la cual le tocó abreviar su nombre porque traduciéndolo al español, vendría siendo algo así como: Erika Leonarda James. Totalmente entendible.

Y es que aparte de su desafortunado nombre, a la mujer en la literatura normalmente la subestiman, pero hay que ver la foto de esta señora para levantarse de la silla y aplaudir su capacidad fabuladora. Es que no se explica cómo carajos la repuestica mujer de 50 años pudo vivir, literalmente, cada una de las aventurillas aberradas entre la golosa de Anastasia Steel y el ahora príncipe azul de todas: Christian Gay, digo Grey.

Recuerdo cuando empecé a enterarme de la penetración (para ser coherentes con la crítica al texto) de esta novela erótica, fue por Instagram, lugar en donde los que se creen lectores ilustrados le toman foto con filtro a cuanto libro se encuentran por ahí. Los comentarios de las niñas promediaban el: “Ay, estoy enviciada, no puedo parar de leer, ya voy en el tercero” o “¡Quiero un Christian Grey para mi solita ya!”. A ver niñas en serio, ¿De verdad viven tan arrechas?

Aún me sigo haciendo esa pregunta, porque a la fecha, todavía veo a mujeres en la universidad con su biblia sexual bajo el brazo; definitivamente la nueva Cosmopolitan se llama 50 Sombras de Grey. No perdonan ascensor, no importa si la clase es de teología para devorarse el libro completo en la misma y de seguro que también prolongan adrede su entradita a mear para poder llegar al clímax de cada enredo de cuerpos entre la señorita Steele y el obseso del control. Fue entonces cuando abrumado, y acosado por mi condición de ‘intento de periodista’, entendí que era imperativo leerlo, y Dios… en qué me había metido.

Debo aceptarlo. También sucumbí ante este texto pérfido consumiéndolo como a ninguno otro. Me hacía sentir sucio, en algunos momentos de la lectura, y sin previo aviso, se me izaba la bandera tan alto a como llega en cualquier acto protocolario. Pero afortunadamente pude salir de ese embrujo para llegar a una hipótesis, que por las investigaciones que he adelantado, está apunto de convertirse en tesis, pero en aras de generar debate la transformaré en un interrogante; y es el siguiente: ¿Así de mal folladas están las mujeres en Colombia?

Yo la verdad no entiendo, semejante obsesión solo podría radicar en que jamás han podido ir más allá de un misionero, en que nunca les han pegado duro en el culo mientras se los hacen, y ni mucho menos les han susurrado ‘Putita’ al oído para que justo después del coito les digan que las van amar como a nadie en el mundo. Pero lo que más me indigna a mí, es que después de haber leído la trilogía de las 50 sombras siguen igual de mojigatas. Va uno a darles cariñito y ni un besito negro se dejan dar. Nada. Ni una variación degenerada que solo podría fomentar esos lazos de amor entre la pareja.

Ustedes mujeres idealistas, viven siempre de imaginarios colectivos utópicos. Si sus versiones muiscas de Christian Grey no las están accediendo carnalmente de manera idónea y pertinente, pues sean ustedes las de la iniciativa aberrada. Tengan la plena certeza que así sus hombres responderán en consecuencia con su maldita novela erótica. Ahora, si después de eso no reciben réplica satisfactoria de su macho, preocúpense porque seguramente les están poniendo los cachos, ¡Con otro! Y por favor: no se les ocurra convertir la sorpresa en la peor experiencia con juguetes tipo ‘strap-on’, por lo menos respeten los límites infranqueables de cualquier ser humano con falo.

Y bueno, me resisto a creer, mujeres colombianas, que lo que en verdad les atrae de Christian Grey es su abultada fortuna. Yo sé que ustedes no son interesadas, no.

Twitter: @iHedonismo