Carta a un hedonista

(Estos párrafos son como yo, como un aparte de biografía)

Por: Ella

Le dije a Juan que quería quedarme sola, por lo menos mientras se me iba el ego y me acercaba como un gato en celo a sus crías para arrullaros. Mientras que los suspiros se confundían entre el humo de la noche.

Yo no habría querido estar allí si no fuera por el deseo que me mueve de no querer despegarme ni un segundo de él.

Lo conocí en una fiesta. No fue amor a primera vista, nunca me habían gustado así. A decir verdad me gustan fuertes, atrevidos, imponentes. Yo aún no podía verlo porque se escondía detrás de una larga mesa de madera-como queriendo decir algo y sin tener con quien- entonces yo, que nunca le he temido a un desprecio me le acerqué, OJO simplemente porque me inquietaba ver su incomodidad, sus manos, su pelo, tan frágil. Olía delicioso, como a niño decente, como a niño que lee, como a niño…me senté.

Las luces, el sabor de la cerveza, lo que siento, lo que ya no se siente, su timidez, la mía. Me alejé.

Y allí estaba yo, de nuevo arrinconada cual… no sé, no voy a mentir porque me propuse no hacerlo ahora. Creo que gustó lo que sentí. En ese momento pensé: literalmente estoy frita!

Maripositas en el estomago: enfermedad cancerígena que muta y autodestruye. Yo estaba sintiendo eso.

Quién pensaría que por él estuviera ahora aquí sin corazón, sin vergüenza, rogando que me escuchase.

Iba temprano a clases a eso de las 6 am. Lo vi de lejos moviendo el esqueleto con ligereza, miraba su reloj -Swatch azul turquí- y yo que no me había maquillado. Obvio, clase de seis. Todos despeinados, con las legañas entre las narices y con aliento a sueño. Tiré mi pelo hacia delante por lo menos para que la ceja a medio peinar lo despistara.

Juan era buen alumno, bien vestido y ligerito, de esos que entran y saludan, que comen pancerotti y gaseosa de dos mil. De esos normalitos.

10 am en punto en la puerta del salón 415 del bloque 7. Sentí sus ojos clavados en mi espalda. -intensos, con esas miradas que se atraviesan- Ahí él, con el morral entreabierto y esos ojitos. Miré como cuando miro algo que me gusta y seguí caminando (torpemente).

Sentí que algo entraba a mi ojo, no podía evitar rascarme y sonó en volumen 5 “inevitable”, una de esas canciones perdedoras que indican tomar pastilla a las 2pm.

Maripositas en el estomago: enfermedad cancerígena que muta y autodestruye. Yo no estaba sintiendo eso, definitivamente NO. Lo mio era la mismísima necesidad de verlo por primera vez en el día y lograr por lo menos un “ vuelve conmigo “. NADA MÁS.

Credi-Foto: funnyandsexy (Tumblr)

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