Dos sillas y una mesa, por favor

 
Por: Juan Pablo López 

La selección Colombia debió encarar la tercera y cuarta fecha de las eliminatorias clasificatorias rumbo a la Copa del Mundo 2014 frente a una crecida Venezuela, una siempre agrandada Argentina y a los propios regalos del elenco cafetero donados expresamente a sus rivales.

La Tricolor inició su ciclo con pie izquierdo, o mejor, con la pierna derecha de Falcao y su leve lesión que lo dejó por fuera de los dos enfrentamientos eliminatorios, pero afortunadamente Leonel Álvarez manifestó que “Jason lo reemplazaría”. A la lesión del “Tigre”, se sumó la del volante del Valenciennes Carlos Sánchez y la ausencia totalmente justificada de Juan Camilo Zúñiga por el nacimiento de su segundo hijo para el clásico bolivariano.

El estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla era una caldera empapada por la lluvia cuantiosa que caía para enfrentar a los venezolanos el 11-11-11. Las caras nuevas y discutidas, militantes en el fútbol local no fueron un impedimento para que Colombia dominara a la Vinotinto en la primera parte del compromiso; por el contrario, Vallejo, Bolívar y Dorlan contribuyeron a la genialidad párvula de James Rodríguez y al buen momento de Jackson para que todo derivara en un disparo balístico que desenfundó Fredy Guarín y que no pudo controlar el golero Renny Vega, terminando en las redes del arco visitante.

El desgaste se hizo evidente para ambos conjuntos, sin embargo, la Selección tuvo profundidad en algunas oportunidades, pero se erraron goles infames, como el de “Bocón” Gutiérrez (así tituló recientemente el Diario Olé en portada) debajo del arco. La lectura del partido era clara: darle aire al medio campo y al ataque, respectivamente, eran las variantes obvias que se debieron realizar, pero la lluvia torrencial ya había mojando el pelo de Leonel, cegándolo por completo y aumentando la desesperación de un público impotente.

Fue entonces cuando empezaron las intervenciones, visitas, reuniones, conferencias y aparentes discusiones entre Leonel y Comesaña, que tuvo que reiterar sus asesorías después del tanto venezolano tras un infortunado error del hombre del Atlético de Madrid Amaranto Perea. Técnico y asesor… perdón; técnico y asistente o, siendo más sensatos, asistente y técnico lograron coincidir, pero fue un poco tarde. Sólo quedaban tres minutos de juego cuando hicieron ingresar a Dayro Moreno. ¿A qué? Eso sólo se supo en las deliberaciones íntimas de Álvarez, Julio Avelino y el mensajero estrella Elkin Sánchez. Todo concluyó con el nefasto empate, quinto en la historia de los enfrentamientos contra el equipo del soberbio pero eficaz César Farías por eliminatorias sudamericanas.

Para el segundo compromiso la selección Argentina llegó en crisis, pero también son profetas en tierras ajenas y el público costeño contribuyó para que se sintieran locales con su calidez característica. La previa fue picante para el partido que se realizó en el calor dantesco e infernal de las 4:00 p.m. en “La Arenosa”, gracias al esfuercito que por fin hicieron Bedoya y compañía (lástima que nos salió el tiro por la culata) al no dejar que Don Julio cambiara la hora del partido para horas nocturnas de menos bochorno. Sigue leyendo

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