Fumata blaugrana

Por: Juan Pablo López

Estaba un poco impaciente. Había perdido todo el sentido de la concentración viendo “Un perro andaluz” en el salón 507 del bloque #7 (clase de imagen). Pasaban de largo las 2 y 30 de la tarde, la señal del smartphone que no entraba ni con antena satelital y ese detalle solo me desesperó un poco más hasta que de ipso facto escuché un grito de euforia colectiva que venía desde el “Comfama” de la Universidad Pontificia Bolivariana. Sentí tristeza.

La razón del grito desmedido había sido el gol “Messianico” del rosarino al minuto 4’ del partido, pero ese detalle no fue precisamente lo que me causó congoja. En realidad el motivo de mi desasosiego era por el hecho de que festejaron con jolgorio un gol que no les pertenece.

Si decía que estaba impaciente era porque quería disfrutar un buen partido, quería ver fútbol en su expresión superlativa. Quizá había elegido un bando pero fue por un principio nacionalista; yo sí quería ver al “Negro” Zapata salir triunfante del Camp Nou. Pero volvamos al tema central. Pasaron 15’ minutos y por fin me liberaron de esa tortura que habían creado mis ansias en el aula.  Salí en ese paso intermedio entre caminar y trotar, presioné el contaminado botón del ascensor y cuando se abrió, se catalizó mi desconsuelo por cuestiones de marketing: Dos de los tres hombres que militaban el ascensor en ese momento, portaban la casaca del Barcelona, o del “Barça”, como seguro le deben decir ellos.

Salí corriendo del elevador como cual niña preocupada porque la van a ultrajar. Me ubiqué maltrecho en una silla y ya veía cómo el muchacho de Padilla, Cauca contenía los esfuerzos del ataque catalán, pero pronto llegó otra pincelada de la versión no mundialista de Messí, es decir, la iluminada, y concretó el segundo. Se desató en mí un odio incontrolable al ver el júbilo malgastado de tantos vende patrias que ni se enteran cuando Colombia gana algo importante en cualquier otro deporte.

En el entre tiempo todo volvió a la normalidad, como debió ser siempre. Calma, e “intelectualidad” por 15’ minutos, pero de nuevo se fueron a la mierda cuando a los 9’ minutos del complemento a David Villa le dio por sacar un zurdazo endemoniado al palo derecho del calvo Abbiati. Otra vez la emoción injustificable, y todo pintaba para goleada y remontada memorable. Quise distenderme un poco mirando lo que se decía en las redes sociales pero eso solo agravó la situación. Ahí es donde los aduladores sin argumentos pululan por doquier, todos volvieron a ser hinchas del Barcelona inexplicablemente e incluso el oportunista diario Olé, aprovechó para adelantar su portada del día siguiente en dónde titulaban con “sensación” una cita de Messi indagando: “¿Quién dijo que estoy triste?”.

Dominio total del Barcelona, un total de 696 pases de los cuales 610 fueron con éxito, adjudicándose un 88% de efectividad, tesis del cuarto tanto al minuto 91’ de un hombre de La Masía, Jordi Alba. Y de nuevo el explayamiento de los empalagosos hacía presencia, haciéndome sentir que hoy no había perdido el Milán, sino la patria. Me fui un poquito indignado y afligido a clase (30’ minutos tarde), pero las estadísticas y la fina coquetería futbolística me hicieron concluir que también es, y fue justo decir, que en el Vaticano se equivocaron al echar al aire la fumata negra; hoy martes 12 de marzo del 2013, la fumata, sin duda alguna, fue blaugrana.