El amor en estado de coma

Por: Juan Pablo López

El amor es también un estado vegetal. Nos toma por sorpresa y nos embiste tan duro que nos deja sumidos en penumbras detestables. Es inadmisible sentirse afligido por culpa de una persona, pero es 2.350’785.901 veces peor condicionar nuestra felicidad a la proximidad de otro ser. Y digo que es peor porque somos, o quizá soy, tan cobarde que no puedo explayarme con gozo en los momentos de felicidad individual. A veces nos acostumbramos a compartir nuestras alegrías con los demás y en realidad, no debería ser así. Sean egoístas, compartan momentos con ustedes mismos; la gente en general es muy envidiosa y hasta los seres queridos son los que tienden a ser más condescendientes e hipócritas.

Quizá esté siendo sustancialmente drástico, pero no se mientan a ustedes mismos ocultando una obvia realidad. Es como voltear la mirada ante un culo hermoso: no se puede, tan sólo debemos aceptar nuestra condición de primates y encarar la vida como venga. De otras personas no esperen nada, y de seguro triunfaran en su diario vivir, más solos pero más felices. Hago retrospectivas y concluyo que los mejores momentos de mi vida los he pasado al lado de las personas que quiero. Vomito. Lo considero una gran tragedia y me hace considerar que ya se me olvidó ser feliz por mi cuenta.

Soy amargado y fastidioso por naturaleza, no es que lo esté en este momento; estos párrafos son solo dualidades severas. De hecho estoy pasando momentos bien pseudo-agradables en mi vida. Digo “pseudo” porque la plenitud es una simple utopía. Siempre hay un puto “pero” que destruye hasta el sueño de un somnoliento. Yo por ejemplo tengo un solo “pero” que de hecho es una sola estupidez, pero esa sola maricada me basta para incapacitarme en temas de dicha y de paso no me faculta para proporcionarle regocijo a los seres que se supone quiero. Quizá eso sea lo peor de todo.

No me mal interpreten, no estoy sugiriendo que se encierren en sus cuartos a oscuras para escuchar piezas magistrales como esta, solo recomiendo que no traten de cambiar tajantemente la forma de ser de un individuo, y más bien les digo que encuentren un equilibrio entre el amor y el amor verdadero, que viene a ser el amor por ustedes mismos, el propio. De todas formas sería de pusilánimes no enamórense duro hasta el punto de no retorno, pero tampoco piensen en el mañana con otra persona a no ser que sea para darle rienda suelta a los menesteres del deseo. No condicionen ni fuercen lo que quieren con la persona que estiman, quieren o aman; porque los sentimientos como las tetas: naturales.

Todo lo que he escrito es lo que odio de una persona, pero ese odio me ha servido para ser racional y así otorgarme a mi mismo la resignación al darme cuenta que tiene toda la hijueputa razón. Es lo más cercano a un ser de luz -oscura- que he conocido, pero con bastantes adjetivos ya he malherido este texto, por consiguiente no podré seguir dilatando párrafos de admiración y desprecio. Tan solo espero que la vida me deje más carnal que vegetal demostrándome lo equivocado que estoy, siendo feliz plenamente… a tu lado.

Les juro que en Twitter no soy tan romántico: @iHedonismo

Y háganle caso a mis dualidades y van a terminar como el man de “Into the wild” , muertos.

 

 

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Una mujer celosa siempre tiene la razón

Por: Juan Pablo López

Acéptenlo. Nos da pánico y terror el sólo hecho de saber que se la están oliendo. Independientemente si las sospechas que las mujeres se hacen son verdad o mentira gracias al nefasto sexto sentido femenino -que más bien debería ser un sexo sentido-, al hombre promedio lo empieza a embargar un sentimiento de culpa, posterior a un inexplicable problema repentino de dicción y modulación al tener que dar esa explicación -eufemismo de mentira- al ser que alguna vez le dijimos uno de los más grandes defectos de fábrica de la creación del Señor que derivó en la mayor inconsistencia de la humanidad, y es ese: “Te amo, bebé”.

Y eso es lo jodido de esto, por eso es razonable que las mujeres se vuelvan unas dementes cuando la desconfianza e inseguridad se convierten en el catalizador de un show de celos monumental. Sabemos que tienen derecho a quejarse y ese es el motivo por el cual justificamos semejante hecho vandálico. Comienzan con preguntas sutiles como “¿Quién es ella?” y sin darnos cuenta terminan pidiendo las claves de Facebook, erradicación de cualquier regalo dado por una ex y hasta los pasados judiciales de cualquier mujer que se atrevió -borracha- a besarnos alguna vez.

Es aquí donde la falta de confianza, la inseguridad y las cagadas que hayamos hecho en el pasado, son los auspiciadores oficiales de un principio de “stalkeo” épico. De ahí en adelante deberá ser de carácter urgente que borren todas sus conversaciones en el chat de Facebook, Messenger y hasta menciones en Twitter con cualquier prospecto que pueda llegar a poner en peligro la seguridad mental de su pareja. Tendrán que librar una batalla apoteósica con sus ojos en cualquier centro comercial ante la pasarela inminente de cualquier MILF, colegiala con gafas de hipster, o su determinado prototipo de mujer preferida; y también ni se les ocurra dejar el celular en casa de su novia, crush, encarrete, dinámica, o como carajos llamen ustedes a su “relación”. Es preferible subir al último piso del edifico Coltejer y saltar al vacío tranquilamente con la sensación del deber cumplido, es decir, de no tener que dar o inventar una explicación de ciertos mensajes o llamadas a horas impertinentes a vaginas que no les corresponden.

Ahora seamos eruditos y  aburridos por un momento. Afirma la psicología que los celos tienen origen desde las primeras civilizaciones, y aseguran que este fenómeno es uno de los grandes gestores de la monogamia y de la fidelidad en las relaciones a lo largo de la historia. Pues a mí la anterior hipótesis me parece una falacia. Nosotros llegamos a este mundo para luchar una batalla constante en contra de ese instinto humano -animal- de ser bígamos por naturaleza; o en palabras más coloquiales: querer estar metiendo el “turpial” en cuanto “chéchere” se nos pasa en frente. Sigue leyendo